ROBERT WALSER

Biel, Suiza, 1878 - cerca de Herisau, Suiza, 1956

EL RETIRO


Tú ves allí, que allí todo

es fácil, quiero decir que estando allí

no necesitarás nada, y te sentirás bien contigo

siempre. Todo lo mejor

estará en y junto a ti, y todo alrededor
será claro, y también tú serás clara,
de tal modo que estarás eternamente
satisfecha contigo y con el mundo,
y de acuerdo con la vida.
Allí la tierra es verde y marrón
Y blanca como una alfombra, y si quisieras
Flores, bien, creo que también allí florecen,
Y que tampoco falta un cielo azul.
Trinan los pájaros en las ramas,
Y tienen mesas y sillas en todas partes
para que puedas dibujar
en una hoja de papel
todo cuanto sientes,
si es que te apetece
semejante pasatiempo. Pero más te gustará
descansar y entregarte al pensamiento
y soñar y sentirte sólo bien.
Tú ve. El lugar
se encuentra fácil. Si quisieras,
te podría acompañar;
así podremos los dos
alegrarnos de lo ameno
y hartarnos de observar lo bello,
sólo tienes que confiar en mí.
Seguro que encontrarás sólo
lo que quieres y que no pasará nada
que no pueda hacernos felices.

MIEDOS

He esperado saludos mucho tiempo, 
frases suaves, al menos un sonido.
El miedo no es de voces o tañidos: 
penetrar, sólo la niebla penetran.
Un secreto canto en acecho oscuro: 
alíviame, pena, el arduo viaje. 

COMO SIEMPRE

La lámpara aún sigue ahí
la mesa también sigue ahí
y yo sigo en la habitación
y mi Anhelo, ah,
como siempre, aún suspira.
Cobardía, ¿sigues ahí?
y Mentira, ¿también tú?
escucho un lejano sí:
la infelicidad aún está ahí
y en la habitación hoy,
como siempre, estoy.

EN LA OFICINA

La luna desde fuera nos contempla, 
y me ve a mí, 
pobre criado distraído, bajo 
la estrecha mirada de mi patrón, 
cómo con timidez me rasco el cuello. 

No, nunca conocí rayos solares 
que una vida duraran, 
ni los conoceré. La carencia es mi sino; 
me agobia tener que rascarme el cuello 
bajo la mirada de mi patrón. 

Es la luna la herida de la noche, 
gotas de sangre, las estrellas todas. 
Como la dicha me queda muy lejos, 
me he vuelto comedido; 
es la luna la herida de la noche. 

MÁS LEJOS

Quise quedarme quieto, 
y me empujaron más, 
pasé entre negros árboles, 
y bajo aquellos árboles, 
quise quedarme quieto, 
y me empujaron más, 
pasé por verdes prados, 
y junto a su verdor, 
quise quedarme quieto, 
y me empujaron más, 
pasé por casas pobres, 
y en una de estas casas 
quise quedarme quieto, 
quedarme un rato largo 
mirando su pobreza, 
y cómo asciende al cielo 
el humo de su lumbre. 
Dije esto y me reí, 
rió también el verde, 
y el humo humeante, 
y me empujaron más.
Desengaño
Un desengaño no se olvida nunca, 
como es inolvidable la gracia de la dicha. 
Recuerdo es la nostalgia, 
porque es tan infinita, 
que no se olvida nunca.

BOCETO PARA LA CAÍDA DE ÍCARO

Islitas relucientes en el mar,
fragatas de incierta procedencia,
las islas atesoran gran cultura,
así, entre las diecinueve y las veinte horas
o sea, al anochecer,
mas, no,
aún no es tan tarde pues un campesino,
uno de esos hombres laboriosos que se desloman para
reunir unas monedas,
trabaja todavía en su campo
como un héroe agrícola,
juega su juego, gana su magro dinero,
la tierra es pardo negruzca.
Un ser alado a punto está de confiarse
al aire, más tarde lo veremos
agitándose en el éter.
De maravillosa picardía
la mirada de la luna, uno se sienta
admirado sobre el templo de la naturaleza,
encima de una piedra prehistórica,
limitándose a contemplar
a un pajarillo canoro, volador, enamorado de sus trinos,
mientras sus ovejas, abandonadas a sí mismas,
pacen tranquilas en el pálido poniente
adornado de tonos rojizos.
¡Ay, dolor!, una mano
gesticula en mudo grito de ayuda desplomándose
desde lo alto,
y cómo sonríe, alegre, la bahía
con máxima afectación, por él juró
que vencería la gravedad
sobre el mar,
se casaría feliz
con la divina belleza en el azur
y se burlaría de las raíces en la tierra, mas
se convierte en excelente maestrillo en volteretas
y ahora habrá percibido
su relativa pequeñez.
No obstante, loables son los dones
del espíritu emprendedor, lo que he escrito aquí
se lo debo a un cuadro de Brueghel enraizado en mi
memoria
y al que tributé el máximo respeto
porque me pareció una espléndida pintura.
Cualquier afán
por elevarnos
sobre la vulgaridad
tiene un límite en la vida.

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