RICHARD FRANCIS BURTON


 Torquay-Inglaterra-Reino Unido, 1821 – Trieste, Imperio Austrohúngaro, 1890

LA CASIDA

¿Dónde estaba entonces la eterna ley natural
Que Dios grabara en el corazón humano?
Mirad su jeta simiesca y confesad que ser tal
Desempeñar no podría más elevado papel.
Mas con el transcurso de los siglos aprendió
Del castor, del mono y de la hormiga a construir
Refugios para el macho, la hembra y la camada
De la tempestad y del ardor que herían y mataban.
Y por fin el fuego, cuando un trozo de piedra
Arrojada en la llama que alumbraba su guarida
En mena brillante se tornó e hizo
Del señor de las bestias el señor de los hombres.
El sentido moral, vuestra frase zahdiesca,
No es sino conquista de años muy recientes;
La conciencia nació al despojarse el hombre
Del rabo, piel peluda y orejas puntiagudas

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