NELSON ROURA


Asunción-Paraguay, 1945-1969

POEMA GRIS


I


Como la tenue flor -en la sombra blanca,
como la tenue flor.
Olvidos grises, paisajes de nieve,
de nieve y de espuma,
como la flor muy tenue,
olvidada y perdida...

II

Como la flor que muere
resbalando
-hacia algo muy cierto, que une
muerte y vida.
Como la flor que está sola. Y silenciosa. Y sola...
Y blanca.

III

Como la flor muy tenue tú estabas;
hasta ti
llegué:
y este aliento
en tu blanco silencio dejé
- en amor muy blanco-:
y tú
-¡oh, llanto, llévame en tus alas!-
caíste de la sombra
-en tus lágrimas, oh llanto-
hecha perfume
y pétalos muy blancos.


PASIÓN

YO ASPIRÉ EL AROMA de las lilas desiertas
y se cuajaron de pasión las arenas
de un lívido desierto,
Cuathemoc, tañía el arpa, tras blanca esperanza.
Era mi corazón un ave de cristales encendidos.

Y tú me preguntabas, preguntabas acerca del destino.
Huyeron las novias del pasado hacia un mar sin costas.
de arenas espléndidas a inquirir al ave de los vientos
acerca de una paloma muerta.

Rex, rex, pax in cella tua,
como si la abeja destilara sólo espuma
y las espinas coronaran la calva sien.

Collares de dientes de tiburón,
amados, a la sombra de una esperanza,
te regalaré
en bandejas de sargazos.

Al son ríspido de tus dientes ásperos y sonoros,
bailará el can can
y mudará tu piel en ordalías lechosas

Los talismanes apenas existían para tu vida sincera,
leños y rajas se amontonaban en el patio,
oliendo a una humedad de bosque muerto.
Acuoso y bermejo, para libaciones nocturnas.

Integración y desintegración
volarán de aquí y de allá
en tus senos y al compás
de la flor de tu vientre...

Pero ¡ay!, un encendido fanal
te mostrará las piernas blancas, desnudas.


PRISIÓN DE LOS SUEÑOS

LA LÁGRIMA está tuerta
y un corazón herido
lo sabe, lo sabe: cantad, cantad,
apetitosos gansos, rociad, apetitosos gansos
con vuestra sangre
la bandeja de plata.
Es hora de que las axilas del mar
nuevamente se inunden
con las olas: proponédlo al parlamento
llamado amor
y que el lord mayor en persona
escupa sobre el yate
maldiciéndolo.
Insanas horas,
coged vuestra esencia, más allá
de vosotras mismas.,
Pavos, patos, en fila,
al estofado.
Las lechugas:
al horno!
Los colibríes,
desplumádlos!
La sangre no la bebáis,
malos cocineros!
Dejad que hierva
bajo el sol.
Romped todas las vallas
y escapáos, caballos marrones,
y vosotros, dichosos macarrones,
dejáos comer por ese gordo señor
de hondas pupilas;
y vos, señor y perro
de vos mismo,
alteza
alae
alae
descended al hondo pozo
donde revientan vuestros hermanos,
carroña y lepra
de sus ojos sombríos.
PRISIÓN DE LOS SUEÑOS,
carroña llameante,
aluviar latir de una sangre
incógnita.
¡Morid de una vez, palomas mías!
¡Barro colorado,
extasíate en el azul,
como si tu noche fuera
una piedra!
Arrójala en la nieve
del abismo
y tu nariz anaranjada
tórnase amarilla
por amor al pasto lívido
de tus pelos.
¿Y esa sonrisa en tu rostro?
¿Es incienso tu sonrisa?
¿Ovejas blancas son tus dientes?
¿Ovejas negras las olas de tu cabello?
¿Caballos van a la mar?
Negros, blancos y rojos
por el profeta conducidos.
En sus lomos llevan gatos,
incógnitos herederos
del príncipe azul.
Maderas terciadas
torcidas, pulmonosas,
agitadas corolas flacas.
¡Rey sin reino, come!

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