MATTHEW ARNOLD


Laleham- Middlesex (Inglaterra), 1822 - 1888

PLAYA DE DOVER
 


El mar está en calma esta noche.
Es pleamar, la bella luna se extiende
sobre los estrechos; en la costa francesa la luz
brilla y se retira; los acantilados de Inglaterra permanecen de pie
resplandecientes y vastos, en la tranquila bahía.
Ven a la ventana, ¡dulce es el aire de la noche!
¡Sólo escucha! desde la larga franja de rocío
donde el mar se une con la tierra blanqueada por la luna,
oyes el chirriante bramido 
de las piedras que las olas arrastran y arrojan,
cuando regresan a la costa alta,
comienzan y terminan y vuelven a comenzar,
con una trémula cadencia lenta, y traen
consigo la eterna nota de tristeza.

Sófocles lo oyó
hace largo tiempo en el Egeo y trajo
a su mente la marea turbia y el flujo
de la miseria humana; en el sonido 
también descubrimos un pensamiento,
al escucharlo en este lejano mar del norte.

El Mar de la Fe
alguna vez también fue en su pleamar y alrededor de la costa de la tierra
extendido como los pliegues de una brillante faja enrollada.
Pero ahora solo escucho
su melancólico, prolongado, bramido de retirada,
alejándose hacia la respiración
del viento de la noche, hacia los vastos y tristes límites
y las tejas desnudas del mundo. 

Oh, amor, ¡seamos fieles
el uno al otro! porque en el mundo que yace
ante nosotros como una tierra de sueños,
tan variados, tan bellos, tan nuevos,
no hay ni gozo, ni amor, ni luz,
ni certeza, ni paz, ni ayuda ante el dolor;
y estamos aquí como en una llanura sombría
arrasados por confusas alarmas de lucha y de fuga,
donde los ejércitos ignorantes se enfrentan a la noche.

LA VOZ
The Voice

Como miradas llameantes,
Blancas y brillantes,
Lanzadas por la pálida luna
Desde su tranquila esfera,
Cayendo sobre las aguas insomnes
De un solitario mar,
Vibrando en las olas del viento,
Atribuladas, lastimeras,
Temblando y muriendo.

Como lágrimas de tristeza
Que las madres han derramado
-Plegarias que mañana serán en vano-
Cuando la flor por la que lloran
Yazga fría y muerta;
Aplastada contra la frente,
Caída sobre el pecho ardiente;
Sin traer paz ni descanso.

Como ondas luminosas que caen,
Con un movimiento natural,
Sobre la orilla infernal
De un espumoso Océano;
Una rosa salvaje se arrastra por el muro,
Un racimo de sol cae en la sala en ruinas,
Cuerdas de una melodía alegre en el funeral,
Tan triste que ha logrado confortar
Este profundo corazón soberbio,
Tan ansioso y doloroso,
Tan confundido y apenado,
Con pensamientos de intolerable cambio,
-Tal es aquel contraste extraño-
Y tu voz inolvidable, tu acento arribando
Como viajero desde el extremo del mundo
Hasta su antiguo palacio.

Todo es en vano, todas las cosas son en vano,
Tu voz golpeó sobre mis oídos otra vez,
Aquellos tonos de melancolía tan dulce e inmóvil;
Aquellos tonos como un laúd oscuro y olvidado
-Que todavía penetran en mis oídos-
Volaron sobre toda mi voluntad,
Y no pudieron sacudirla;
Quemaron mi corazón con su propia sangre,
Y no pudieron quebrarlo.

REQUIESCAT

¿Qué fue del amor
Qué se agitó entre las rosas?
Amor que es tierra,
Y en la tierra reposa.

¿Qué fue de la inquietud del amor?
Esencia de flores,
Después de la tormenta,
Tormenta y dolor.

¿Cuáles fueron las palabras
Muertas que él pronunció?
Amor sin aliento,
Amor que ha muerto.

El eco ha tomado la canción,
Y ahora ha de volar,
Jamás habrá de despertar
En su música y su lamento.

Capullos en la flor,
A todos encuentra el amor,
A veces tarde, pero siempre retumba
En la siembra de todas las tumbas.

SHAKESPEARE

Otros aguardan nuestra pregunta.
Tú eres libre. Nosotros interrogamos sin pausa.
Tú sonríes y guardas silencio, conocimiento supremo.
Pues la cima más alta, aquella que solo las estrellas
Conocen su majestad, la que clava sus huellas
Inmutables en el mar y hace del cielo de los cielos
Su morada, deja sólo el arco nebuloso librada
A la exploración frustrada de los hombres;
Y tú, que has conocido las estrellas y el sol;
Autodidacta, autocrítico, honrado y seguro de ti mismo,
Vagaste por esta tierra, insospechado.
¡Mejor que así haya sido! Todos los dolores
Que debe tolerar el espíritu inmortal,
Todas las debilidades que menoscaban,
Todas las penas que agobian el alma,
Hallan su voz en aquella frente victoriosa.

versión © Silvia Camerotto
en New poems by Matthew Arnold, Macmillan and Co., London, 1867
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