TAKIS SINÓPULOS


Pyrgos-Elis , 1917 - Atenas-Grecia, 1981 

VINO UNA LUZ

Son signos me decías, anuncios de un cambio —pero 
¿qué buscaban 
tantos hombres? Una multitud de rostros me atemorizaba 
aquel día, me cortaba la visión. 
¿Dónde mirar? Alrededor alambres, por todas partes 
el invierno sin corteza, sembrando 
encuentros fortuitos en todos los caminos, lloviznas 
heladas —tú recordabas 
leños y leños en el fuego, tantos años perdidos detrás 
de los tizones. 
Tapiamos la ventana. ¿Quién apoya sus manos sobre el
tiempo? 
Vino una voz a través de las hendijas, vino una luz. 
No era tuya. La muerte de que hablaba ardía afuera. 

LA VENTANA

Tapiamos la ventana, el viento soplaba desde el basural, 
¿qué tomamos? ¿qué perdimos? 
Caminando en silencio durante estos años difíciles, incoherentes. 
Hubo un cuarto, tanta desnudez. En la pared la lámpara
y la luz iluminando ya el rostro, ya la mentira. 
La orientamos hacia la estación de la memoria. 
Solamente un pequeño río, su nombre perdido en el silencio 
de las arenas. 
Cerramos la ventana. Afuera la tierra removida y el árbol 
parloteando con la mitad de la luna. 
Desde el sueño surgía, como una grave amenaza, la verdadera luna. 

SOBRE LAS ESTACIONES

La noche había cubierto ya la mitad de mí y yo hablaba 
de descubrir piedras y manantiales, otros yacimientos 
que enriquecieran tu risa —reías 
y oía mis años devorados por las arenas. 
El tiempo se oscurecía, no estaba solo. Sobre las estaciones 
venía aquel invisible resplandor que me llevaba a lo alto, 
a rumorosos espacios. 
Abajo la balanza rota 
y la trompeta en la penumbrosa frontera. 

LAS FIERAS 

Hay siempre un agua profunda en tu silencio y vienen 
las fieras secretamente a bañarse y saciar su sed. 
Hay esta noche una grieta. 
Y si acaso te vuelves súbitamente, estalla a lo lejos 
un escopetazo y te ilumina el rostro. 
Se oye la voz del cazador. 
Las fieras huyen en la noche. 

LA FIESTA

Ahora respiras en la penumbra, distingo tu nuca, 
tu rostro. 
Después todo se apaga. Quedan el corredor, la puerta 
de tablas. 
Más allá tu voz se defiende de la noche. Y no existen pájaros. 
Barres las arañas de la sombría fiesta

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