STAVROS VAVÓURIS



Atenas-Grecia, 1925

MONÓLOGO DE ELECTRA

Sorpresivamente me cautivaba la idea
de que podía expulsar
personas y cosas como una lanza;
que era posible que tomara forma de
guillotina
sobre nucas culpables
que podía elevarme
oscura como ciprés
inalcanzable como destino.
La idea de que podía cruzar indiferente
con una satánica sonrisa imperceptible
multitudes rabiosas y enfurecidas en mi contra
me disolvía.
Me atravesaba, con espasmos casi de placer, el
pensamiento
de que podía
encontrarme en el último escalón del patíbulo
con desprecio
mientras una turba deslumbrada
por el mal esperaría hasta el final
que rompiera en sollozos.
Sorpresivamente me cautivaba
sí, me volvía loca la idea
de que era posible que tomara el tono
de ceniza irrevocable
ensombreciendo y aniquilando la luz del sol
que tanto la había encendido y embriagado.

EURÍDICE 

Arrastrabas un esqueleto a la luz.
Por eso además te habían recomendado:
Que no te volvieras.
Pero, aun así, si no hubieras roto las reglas
jamás habría llegado a la luz contigo.

Huesos sin carne
dos cuencas sin ojos
dientes sin labios
era todo lo que subiendo ceñías en tu mano,
como estaba dispuesta también la trampa
desde el momento que te habían permitido cruzar
la puerta que nadie cruza caminando.

Cuando al final te volviste
me esfumé.
Nada viste.
Sin embargo sábelo ahora.

Arrastrabas un esqueleto a la luz
desde el principio contigo
y era una decisión tomada irrevocable:
Quisieras o no:
Que te volvieras.

Antología y gramatología, de Aléxandros Argyríou, t. v. Ediciones Sokolis. 
Versión de Francisco Torres Córdova


No hay comentarios:

Publicar un comentario