SAINT JOHN-PERSE


Guadalupe-Francia, 1887, Giens, 1973


EL MURO


El lienzo de muro está enfrente, para conjurar el círculo de tu sueño.
Pero la imagen lanza su grito.
La cabeza contra una oreja del sillón grasiento, exploras tus dientes 
con tu lengua: el sabor de las grasas y las salsas infecta tus encías,
y sueñas con las nubes puras sobre tu isla, cuando el alba verde 
crece lúcida en el seno de las aguas misteriosas.
Es el sudor de las savias en exilio, la suarda amarga de las plantas silicuosas, 
la insinuación acre de los manglares carnosos y la ácida delicia 
de una negra sustancia en las vainas.
Es la miel silvestre de las hormigas en las galerías del árbol muerto.
Es un sabor de fruto verde que acidula el alba que bebes: 
el aire lechoso enriquecido con la sal de los alisios...
¡Alegría!, ¡oh alegría desatada en las alturas del cielo! 
Las telas puras resplandecen, los invisibles atrios están sembrados de hierbas 
y las verdes delicias del suelo se pintan al siglo de un largo día.

Y VOSOTROS MARES
(Extractos)

3
Poesía para acompañar la marcha de una recitación en
honor del mar.
Poesía para asistir el canto de una marcha en el contorno
del mar.
Como la ejecución de la torre del altar y la gravitación del
coro en el circuito de la estrofa.
Y es un canto de mar como no fue jamás cantado, y es el
Mar en nosotros quien lo cantará:
El Mar, en nosotros fijado, hasta la saciedad del soplo y
la peroración del soplo,
El Mar, en nosotros, llevando su ruido sedoso de anchura
y toda su grande frescura de ganga para el mundo.
Poesía para apaciguar la fiebre de un insomnio en el periplo
del mar. Poesía para mejor vivir nuestro insomnio en la delicia
del mar.
Y es un sueño de mar como él no hubo jamás
soñado, y es el Mar en nosotros que lo soñará:
El Mar, en nosotros tejido, hasta sus zarzales de abismo,
el Mar, en nosotros, tejiendo sus grandes horas de luz y sus
grandes huellas de tinieblas
Toda licencia, todo nacimiento y toda enmienda,
¡el Mar! ¡el Mar! en su aflujo de mar,
En la afluencia de sus burbujas y la sabiduría infusa
de su leche, ¡ah! en la ebullición sagrada de sus vocales —
¡las santas hijas! ¡las santas hijas!—
El Mar él mismo todo espuma, como Sibila
en flor sobre su silla de hierro...

4
Así celebrado, serás tú ceñido, oh Mar, de una alabanza sin
ofensa.
Así convidado serás tú el huésped que convida a callar el
mérito.
Y del Mar él mismo no será cuestión, más que de su
reino en el corazón del hombre:
Como él está bien, en la solicitud del Príncipe, de interponer
el marfil o bien el jade
Entre el semblante soberano y la alabanza cortesana.
Yo me inclino en vuestro honor con una inclinación sin
bajeza,
Yo agotaré la reverencia y el balanceo del cuerpo;
Y el humo todavía del placer ahumará la cabeza del ferviente,
Y la delicia todavía de la mejor dice engendrar la gracia de
la sonrisa...
Y de salutación tal serás tú saludado, oh Mar, que se recuerda
por largo tiempo como
una recreación del corazón.


(De Mares).
 www.letralia.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada