RICARDO GÜIRALDES


"Sí, humílleme, pero algún día, si Dios quiere, nos hemos de encontrar cara a cara".
Ricardo Güiraldes
Buenos Aires-Argentina, 1886 - París, 1927


PROA

Hace mar fuerte…fuerte…
Los egocultores decimos así a lo
que nos vence y no es el caso.
El mar arrea cordilleras renovadas,
que columpian al vapor
en cuya proa frenetizo de borrasca.
Busco una metáfora pluriforme
e inmensa; algo como fijar el alma
caótica,que se empenacha de pedrería.
¿Cómo decir?…Mar…mar…y mientras
insuflo el cráneo de espacio
para cantarle mi visión, el insolente
me escupió la cara

POEMAS SOLITARIOS

septiembre 1924

me he acostumbrado a estar solo,
como el ombú se ha acostumbrado a la pampa.

mi alma es una esfera mirando su centro
que es vigor.

para caminar por la vida,
sé sostenerme sobre las piernas
de mi voluntad y mi coraje.

la noción de mi propia existencia me impide caer.
la vida es una obligación que mantener.
ignoro la cobardía cuando me he dicho: «DEBO».

Agosto de 1924

en este momento, en que sufro, mi coraje debe
comprender.

nada es que mi cuerpo se bambolee en la pesada
prisión de su dolor.

tal vez, por ahí, un hombre harto, de amor o de
belleza, ha dejado que su alma caiga de rodillas ante
la vida, porque al fin ha comprendido.

VIAJAR

Asimilar horizontes. ¿Qué importa si el mundo
es plano o redondo?
Imaginarse como disgregado en la atmósfera,
que lo abraza todo.
Crear visiones de lugares venideros y saber
que siempre serán lejanos,
inalcanzables como todo ideal.
Huir lo viejo.
Mirar el filo que corta una agua espumosa
y pesada.
Arrancarse de lo conocido.
Beber lo que viene.
Tener alma de proa.

VERANO

Buenos Aires. Calle Santa Fe en el 900. Diciembre.
La casa abierta, respirando de noche,
todo apagado dentro.
Cielo, implacablemente estrellado, cuyo azul
de zafiro australiano se aleja,
por obra del aturdimiento luminoso que mandan
a los ojos los focos eléctricos.
De tiempo en tiempo, coches pasan,
en rectilíneos destinos.
En la acera de enfrente, una madre aparea
la obesidad de su flácido descanso
a las epidérmicas lasitudes de su hija,
que corre mano distraída sobre su muslo,
apenas suavizado por un batón rosa.
El reflejo de los focos se aplasta,
extendido contra el asfalto.
Caballito, caballito que llevas el fiacre vacío,
pareces un cuento,
infantil,
de madera.


Ricardo Güiraldes fue un novelista y poeta argentino.  En 1924 funda la revista Proa junto con Brandán CaraffaJorge Luis Borges y Pablo Rojas Paz; la revista no tendría éxito en Argentina pero sí en otros países hispanoamericanos. Tras el cierre de la revista, Güiraldes se dedica a terminar Don Segundo Sombra, novela a la que pondría el punto final en marzo de 1926. En 1927 hace su último viaje a Francia, a Arcachon, y debido a su estado de salud es trasladado a París donde muere, en la casa de su amigo Alfredo González Garaño, víctima de la enfermedad de Hodgkin (cáncer de los ganglios). El cadáver es trasladado a Buenos Aires para darle sepultura en San Antonio de Areco.



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