ODYSSEAS ELYTIS



Heraklion,1911-Atenas-Grecia,1996 

HELENA

Con la primera gota de la lluvia murió el verano 
Se empaparon las palabras que habían engendrado la claridad nocturna 
Todas las palabras que estaban solamente destinadas ¡a Ti! 
Hacia dónde extenderemos nuestras manos ahora que el tiempo 
ya no nos tiene en cuenta 
Hacia dónde abandonaremos nuestra mirada ahora que las líneas 
lejanas naufragaron en las nubes 
Ahora que tus párpados se cerraron sobre nuestros paisajes 
Y estamos —como si la niebla hubiera penetrado en nosotros— 
Solos totalmente solos rodeados de tus muertas imágenes. 
Con la frente en la ventana velamos el nuevo dolor 
No es la muerte quien nos derribará puesto que Tú existes 
Puesto que existe en otra parte un viento para vivirte plenamente 
Para vestirte de cerca como te viste de lejos nuestra esperanza 
Puesto que existe en otra parte 
Una verde llanura más allá de tu sonrisa hasta el sol 
Diciéndole confidencialmente que nos encontraremos otra vez 
No no es a la muerte a quien enfrentaremos 
Sino a esta gota de lluvia otoñal 
Un confuso sentimiento 
La fragancia de la tierra húmeda en nuestras almas que se alejan de todo 
Y si no está tu mano en nuestra mano 
Y si no está tu sangre en las venas de tus sueños 
La luz en el inmaculado cielo 
Y la música invisible dentro de nosotros oh melancólica 
Pasajera de todo cuanto nos retiene todavía en el mundo 
Es el viento fresco la hora del otoño la separación 
El amargo instante de apoyar el codo en el recuerdo 
Que surge cuando la noche viene a separarnos de la luz 
Detrás de la ventana rectangular que mira hacia la tristeza 
Que nada ve 
Porque se hizo ya música invisible llama en la chimenea
tañido del gran reloj de pared 
Porque se hizo ya 
Poema verso tras verso sonido paralelo a la lluvia lágrimas 
y palabras 
Palabras no como las otras pero también ellas solamente destinadas: 
¡a Ti! 

EDAD DEL RECUERDO AZUL

Olivares y viñedos lejos hasta el mar 
Rojas barcas de pesca más lejos hasta el recuerdo 
Dorados élitros de agosto en el sueño del mediodía 
Con algas o caracolas. 
Y aquel barco 
Recién botado, verde, que lee aún en las serenas aguas del golfo 
Dios proveerá
Pasaron los años hojas o guijarros 
Recuerdo a los muchachos, los marineros que partían 
Pintando las velas como sus corazones 
Cantaban los cuatro puntos cardinales 
Y tenían dibujados vientos boreales en sus pechos. 
Qué buscaba cuando llegaste teñida por el amanecer 
Con la edad del mar en los ojos 
Y la salud del sol en el cuerpo —qué buscaba 
En las hondas grutas marinas en los vastos sueños 
Donde el viento desconocido y azul 
Espumaba el sentimiento, grabando en mi pecho su emblema marino 
Con la arena en los dedos cerraba los dedos 
Con la arena en los ojos apretaba los dedos 
Era el dolor— 
Recuerdo era abril cuando sentí por primera vez tu peso 
humano 
Tu cuerpo humano arcilla y pecado 
Como en nuestro primer día sobre la tierra 
Las amarilis estaban de fiesta —Pero recuerdo 
que te dolió 
Fue una profunda marca en los labios 
Un profundo rasguño en la piel allí donde el tiempo se graba 
para siempre 
Entonces te dejé 
Y un hálito sonoro levantó las blancas casas 
Los blancos sentimientos recién lavados hacia lo alto 
Hacia el cielo iluminado por una sonrisa. 
Ahora tendré a mi lado un cántaro de agua inmortal 
La forma del viento que sopla libremente 
Y tus manos aquellas donde será torturado el Amor 
Y aquel caracol donde resonará el Egeo. 

IMAGEN DE BEOCIA

Aquí donde la desierta mirada sopla sobre las piedras y los agaves 
Aquí donde se escuchan los profundos pasos del tiempo
Donde se abren grandes nubes como dorados estandartes 
Sobre la metopa del cielo 
Dime de dónde partió la eternidad 
Dime cuál es la señal de tu dolor 
Y cuál el destino de la eleminta 
Oh tierra de Beocia iluminada por el viento 
Qué fue de la orquesta de manos desnudas bajo los palacios 
De la piedad que subía como humo sagrado 
Dónde están las puertas con los antiguos pájaros cantando 
Y el choque de las armas que despertaba el terror de los pueblos 
Cuando el sol entraba triunfante 
Cuando el destino palpitaba en la lanza del corazón 
Y se encendían trinos civiles 
Qué fue de las inmortales libaciones de marzo 
De las líneas griegas en el agua de la hierba 
Fueron heridos las frentes y los codos 
El tiempo atravesó rosado el ancho cielo 
Los hombres avanzaron 
Llenos de dolor y de sueños 
¡Áspera imagen! Ennoblecida por el viento 
De una tormenta de verano que deja sus huellas 
Llameantes en las líneas de las colinas y de las águilas 
En las líneas que el destino trazó en tu mano 
Qué sabes de enfrentar qué sabes de vestir 
Vestida como estás por la música de las hierbas y cómo avanzas 
Entre los brezos y las salvias 
Hacia el punto final de la flecha 
En esta roja tierra de Beocia 
Al sonido marcial de las rocas desiertas 
Encenderás las doradas gavillas del fuego 
Arrancarás la mala fertilidad del recuerdo 
¡Dejarás un alma amarga en la menta silvestre! 

MARINA DE LAS ROCAS

Tienes gusto a tempestad en los labios —Pero dónde vagabas 
Todo el día en la dura ilusión de la piedra y del mar 
Un viento de águilas desnudó las colinas 
Desnudó tu deseo hasta el hueso 
Y las niñas de tus ojos tomaron el escítalo de la Quimera 
¡Estriando con espuma el recuerdo! 
Dónde está la conocida pendiente del pequeño setiembre 
En la roja tierra donde jugabas mirando hacia abajo 
Los profundos habares de las otras muchachas 
Los rincones donde tus amigas dejaban a manos llenas el romero 
Pero dónde vagabas 
Toda la noche en la dura ilusión de la tierra y del mar 
Te decía que contaras en el agua desnuda sus luminosos días 
Que gozaras de espaldas el alba de las cosas 
O volvieras de nuevo por los campos amarillos 
Con un trébol de luz en tu seno de heroína de yambo. 
Tienes gusto a tempestad en los labios 
Y un vestido rojo como la sangre 
En el oro profundo del verano 
Y el aroma de los jacintos —Pero dónde vagabas 
Descendiendo a las playas a los golfos llenos de guijarros 
Había allí una fría y salobre planta marina 
Pero en lo hondo un sentimiento humano se desangraba 
Y abrías asombrada tus manos diciendo su nombre 
Ascendiendo ligeramente hasta la claridad de los abismos 
Donde brillaba tu propia estrella de mar. 
Escucha, la razón es la prudencia de los últimos 
Y el tiempo un febril escultor de los hombres 
Y el sol se yergue sobre él como una fiera de esperanza 
Y a su lado tú estrechas un amor 
Teniendo amargo gusto a tempestad en los labios. 
No es para que esperes azul hasta el hueso otro verano
Para que los ríos cambien de curso 
Y te lleven hacia atrás hacia sus fuentes 
Para que beses nuevamente otros cerezos 
Y vayas cabalgando en el viento del Este. 
Erguida en las rocas sin ayer ni mañana 
En el peligro de las rocas con un peinado de tormenta 
Despedirás tu enigma. 

MELANCOLÍA DEL EGEO

¡Qué coherencia del alma en los alciones de la tarde! 
¡Qué calma en las voces de la tierra lejana! 
El cuclillo en el pañuelo de los árboles 
Y el místico instante de la cena de los pescadores 
Y el mar que toca la armónica 
La lejana pena de la mujer 
De la bella que desnudó sus pechos 
Cuando el recuerdo entró en los nidos 
Y las lilas regaron con fuego el poniente. 
Con el caique y las velas de la Virgen 
Partieron rumbo al viento 
Los amantes de la extranjería de los lirios 
Pero cómo la noche arrulló aquí el sueño 
Con vaporosos cabellos sobre cuellos traslúcidos 
O en vastos y blancos litorales 
Y cómo la áurea espada de Orión 
Vertió y esparció en lo alto 
El polvo de los sueños de muchachas 
Que olían a menta y albahaca. 
En la encrucijada donde se detuvo la antigua maga 
Quemando los vientos con tomillo seco 
Las esbeltas sombras pasaron levemente 
Con un cántaro de agua silenciosa en la mano 
Con toda facilidad como si entraran al paraíso 
Y de la oración de los grillos que cubrió de espuma los campos 
Asomaron las bellas de piel lunar 
Para danzar en la era de la medianoche... 
Oh señales que pasáis por el fondo 
Del agua que sostiene un espejo 
Siete nardos resplandecientes 
Cuando regrese la espada de Orión 
Hallará pobre pan bajo la lámpara 
Pero un alma en el rescoldo de los astros 
Hallará grandes manos ramificadas hacia el infinito 
Algas solitarias últimos retoños del mar 
Años verde pedrería 
¡Oh verde gema —qué adivino de tormentas te vio 
Detener la luz en el nacimiento del día 
La luz en el nacimiento de los dos ojos del mundo! 

EL MONOGRAMA 

IV 

Es temprano todavía en este mundo, me oyes 
No se han domesticado los monstruos, me oyes 
Mi sangre derramada y el afilado, me oyes 
Cuchillo 
Como un cordero que corre por el cielo 
Y quiebra las ramas de los astros, me oyes 
Soy yo, me oyes 
Te amo, me oyes 
Te tengo y te llevo y te visto 
Con el blanco vestido nupcial de Ofelia, me oyes 
Dónde me dejas, dónde vas y quién, me oyes 
Te toma la mano sobre los cataclismos 
Las enormes lianas y la lava de los volcanes 
Llegará un día, me oyes 
En que habrán de sepultarnos y miles de años después, me oyes 
Nos convertirán en resplandeciente roca petrificada, me oyes 
Para que brille sobre ella la crueldad, me oyes 
De los hombres 
Y nos arroje en mil pedazos, me oyes 
A las aguas uno por uno, me oyes 
Cuento mis amargos guijarros, me oyes 
Y el tiempo es una gran Iglesia, me oyes 
Donde a veces las imágenes, me oyes 
De los Santos 
Lloran lágrimas verdaderas, me oyes 
Las campanas abren en el cielo, me oyes 
Un hondo vado para que pase 
Aguardan los ángeles con cirios y salmos fúnebres 
No voy a ninguna parte, me oyes 
Los dos juntos o ninguno, me oyes 
Esa flor de la tormenta y, me oyes 
Del amor 
La cortamos de una vez para siempre, me oyes 
Y no volverá a nacer de otra forma, me oyes 
En ninguna otra tierra, en ninguna otra estrella, me oyes 
No existe la tierra, no existe el aire 
que tocamos, el mismo, me oyes 
Y ningún jardinero fue tan feliz en otros tiempos 
Por tanto invierno y tantos vientos, me oyes 
Azotando flores, sólo nosotros, me oyes 
En medio del mar 
Por la sola voluntad del amor, me oyes 
Elevamos una isla entera, me oyes 
Con cuevas y cabos y floridos acantilados 
Oye, oye 
¿Quién habla en el agua y quién llora —oyes? 
¿Quién busca al otro, quién llama —oyes? 
Soy yo que llamo y soy yo que lloro, me oyes 
Te amo, te amo, me oyes. 

TO AXION ESTÍ (DIGNUM EST) 

La Pasión, 
He aquí, pues, 
al creado para las pequeñas Kores y las islas del Egeo, 
el amante del brinco de las corzas 
y adepto de las hojas del olivo, 
el bebedor de sol y exterminador de langostas. 
Heme aquí frente 
al traje negro de los fascinerosos 
y el vientre vacío de los años, que abortó a 
sus hijos, ¡el grito erótico! 
El viento desata los elementos y el trueno asalta la montaña. 
¡Destino de los inocentes, otra vez solo, allí, en los Desfiladeros! 
Abrí mis manos en los Desfiladeros 
Vacié mis manos en los Desfiladeros 
y no vi otra riqueza, no oí otra riqueza 
que frescos manantiales vertiendo 
Granadas o Céfiros o Besos. 
Cada cual con sus armas, dije: 
Abriré mis granadas en los Desfiladeros 
Apostaré los céfiros como centinelas en los Desfiladeros 
liberaré los viejos besos santificados por mi anhelo. 
El viento desata los elementos y el trueno asalta la montaña. 
¡Destino de los inocentes, eres mi propio Destino!
 — 

No hay comentarios:

Publicar un comentario