NIKOS KASANTZAKIS


Candía-Grecia, 1885 - Friburgo-Alemania, 1957

LA ODISEA


Oh, Sol, Gran Señor del Oriente, oh fez dorado de mi espíritu,
Agrádame llevarte atravesado; jugar contigo quiero,

para alegrar nuestras almas mientras yo viva y tú vivas.
Buena es esta tierra: nos agrada. Como la crespa vid,
flota en el aire azul, ¡oh, Dios!, y en el vendaval se mece,
picoteada por los vientos y las aves del viento.
Picoteémosla también nosotros para mitigar el ardor de nuestra mente.

Mientras bulle el mosto áspero de la crujiente vid
que trituro en el vasto lagar que entre mis sienes existe,
yérguese el día y el espíritu se llena de sonrisas.
Alas crió la tierra y céfiros para acunar el alma:
¿ y Ananke – la de los ojos negros – se embriagó y el canto ha comenzado?
Sobre mi ser, el cielo ardiendo; debajo de él, mi vientre
Como gaviota que en la fresca-espuma-de-la-mar-retoza…

(Traducción de Miguel Castillo)


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