KOSTAS KARYOTAKIS



Trípoli-Grecia, 1892 – Préveza, 1928

POSTERIDAD

La naturaleza infinita necesita nuestra muerte 
y la piden las bocas purpúreas de las flores. 
Si vuelve la primavera, otra vez nos dejará, 
y después ya no seremos ni sombras de las sombras. 
La brillante luz del sol espera nuestra muerte. 
Todavía veremos un crepúsculo triunfal 
y después abandonaremos las noches de abril 
para marcharnos a los reinos oscuros del más allá. 
Acaso queden detrás nuestro los versos, 
diez versos solamente acaso queden, 
como las palomas que sueltan los náufragos al acaso 
y dejan su mensaje cuando ya es tarde.

SUICIDAS IDEALES

Dan vuelta la llave en la puerta, toman 
sus viejas cartas guardadas, 
leen tranquilamente, y después arrastran 
por última vez sus pies. 
Fue su vida, dicen, una tragedia. 
Dios mío, la horrible risa de los hombres, 
las lágrimas, el sudor, la nostalgia 
de los cielos, la desolación de los lugares. 
Se detienen junto a la ventana, miran 
los árboles, los niños, más allá la naturaleza, 
los marmolistas que martillan, 
el sol que quiere ponerse para siempre. 
Todo ha terminado. He aquí la nota, 
breve, simple, totalmente indiferente, 
como corresponde, llena de perdón 
para el que va a leer y llorar. 
Miran el espejo, miran la hora, 
se preguntan si es locura o error, 
"todo ha terminado", musitan, "ahora", 
seguros en el fondo que lo postergarán. 

CUANDO BAJEMOS LA ESCALERA

Cuando bajemos la escalera, ¿qué diremos 
a las sombras que nos recibirán, 
familiares serios, amigos invisibles, 
con una sonrisa en sus labios inexistentes? 
Al menos aquí estamos solos, 
un día pasa, el otro amanece, 
y en nuestros ojos conservamos aún 
algo que otorga color a las cosas. 
Pero allá abajo, ¿qué decir, adónde ir? 
Nos tendremos que mirar el uno al otro, 
con los brazos cortados hasta los codos, 
rígidos como los rostros de los íconos. 
Si viene alguien a golpear nuestra lápida, 
se imaginará cómo hemos vivido. 
Si toma una rosa o la deja en la tierra, 
será una rosa de arena. 
Y si un día nos levantamos en puntas de pie, 
veremos las villas de Posilipo, 
Señor, Señor, y las canchas del Paraíso 
donde jugarán al cricket Tus partidarios. 

VETE, MI CORAZÓN TE EXTRAÑA

Vete y déjame solo, que veo multiplicarse 
arriba la noche, y en la profundidad el caos. 
Ni el recuerdo del dolor dentro de poco quedará, 
y soy como una flor que se deshoja en tu mano y pasa.
Vete como se fueron aquellos años, cuando 
una palabra tuya era, para mí, un canto de vida. 
Ahora mis labios ansían el beso de la madre, 
de la madre tierra, y se abren a la sonrisa de los siglos.
Vete, mi corazón extraña la serenidad infinita. 
Tu aliento turba las negras aguas 
de la Estigia, que me llevan, como si fuera un náufrago,
allí, a la Nada absoluta, a la Inmensidad. 

OPTIMISMO

Supongamos que no hemos llegado al sombrío 
callejón sin salida, al abismo del espíritu. 
Supongamos que vinieron los bosques 
con el bagaje imperial de una mañana 
triunfal, con pájaros, con la luz del cielo, 
y con el sol que los atravesará. 
Supongamos que estamos allá, 
en países desconocidos de Occidente, del norte; 
mientras arrojamos nuestro abrigo al aire, 
los extranjeros miran con curiosidad, seriamente. 
Para recibirnos tiernamente una Lady 
alejó todo el día a la servidumbre. 
Supongamos que la copa del sombrero 
de pronto se agrandó, pero se achicaron, se pegaron 
nuestros pantalones, y que, al picar 
de las espuelas, miles de caballos parten. 
Vamos —las banderas flamean al viento— 
como heroicos cruzados, salvadores del Salvador. 
Supongamos que no hemos llegado 
por cien caminos a los límites del silencio, 
y cantemos —que el canto parezca 
un clarín de victoria, superación del grito— 
a los rojos demonios en las entrañas de la tierra, 
y a los hombres, arriba, para que se diviertan. 

QUIERO HUIR YA DE AQUÍ

Quiero huir ya de aquí, quiero huir lejos, 
a algún lugar desconocido y nuevo, 
quiero volverme polvo dorado en el éter, 
simple elemento, libre, valeroso. 
Que se muestren como un leve sueño y hablen 
hasta el alma las cosas del mundo, 
que sean hermosos los rostros y sonrían, 
que sea hermoso también yo mismo. 
Puede que no exista allí tanta sombra, Dios mío, 
en la noche, en la angustia del paisaje, 
en el temible firmamento, en el rugido del viento, 
en las miradas, en las palabras de los hombres. 
Que no exista nada, nada más, sino un poco 
de felicidad, y que dure la satisfacción, 
y todos digan que han huido para siempre, 
que están todos acaso muertos. 

MIENTRAS CAMINO, UNA SOMBRA

Mientras camino, una sombra me sigue arriba 
como una pesada nube o el ala de un pájaro de mal agüero. 
Está conmigo vaya donde vaya, haga lo que haga, 
y no me deja ver siquiera el sol de Dios. 

PRÉVEZA

Muerte son los pájaros que chocan 
contra los negros muros y los techos, 
muerte las mujeres que hacen el amor 
como si pelaran cebollas. 
Muerte las sucias, insignificantes calles 
con sus ilustres y pomposos nombres, 
los olivos, el mar en torno, y aún 
el sol, muerte entre los muertos. 
Muerte el inspector que verifica, 
en la balanza, una porción incompleta, 
muerte los nardos en el balcón 
y el maestro con el diario. 
Base, Guarnición, Regimiento de Préveza. 
El domingo escucharemos la banda. 
Abrí una cuenta en el Banco, 
primer depósito: treinta dracmas. 
Caminando lentamente hasta el muelle, 
"¿existo?", digo, y luego: "¡no existo!". 
Llega el barco. Izaron la bandera. 
Quizás viene el señor Prefecto. 
Si al menos, entre estos hombres, 
uno muriera de aburrimiento... 
Silenciosos, apesadumbrados, con modos graves, 
todos nos divertiríamos en su entierro.

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