DIMITRIS DOÚKARIS


Atenas-Grecia, 1925-1982


JESÚS

I

Te escuché cuando hablaste por primera vez:
“tomad y comed,
esto es Mi cuerpo,
esto es Mi sangre,
bebed todos de ella”;
estabas seguro y sereno,
y yo tenía hambre y sed –
tomad Mi cuerpo, dijiste
y yo aún tengo hambre,
bebed Mi sangre, dijiste
y yo tengo sed, aún tengo sed,
tengo sed.

II

Estaba desnudo y asustado;
temía al fuego y al agua
y a Ti–
me dijiste: sigue y me encontrarás;
pasé el fuego y el agua
y la oscuridad;
ahora estoy aún más desnudo:
porque Te encontré y temblabas,
por el fuego, por el agua,
en la oscuridad.

Versión de Francisco Torres Córdova

ZONA DEL ECUADOR

I

Que ocurriera alguna vez una Revolución –
no por el sol vertical de Ecuador,
el abrupto Mar de la India,
las estrechas colinas de arena que humean.
Aquí donde descansa el muro
del cementerio de los mahometanos
y mi hijo se sorprende jugando
en la terraza con las palmeras.
Ahí donde se desdobla tu densa mirada:
a veces hundida en lo inesperado
del asimétrico mar,
a veces excavada en la olas
de la playa que se mueve,
a veces irrevocablemente asesinada
por el pelotón alterno–
que son andrajos heridos,
que son cuerpos podridos
que es silencio sin articular.

II

Que ocurriera alguna vez una Revolución–
no solamente por los innumerables
que caminan también sin piernas,
y señalan impersonalmente el vacío
con dedos carcomidos;
una Revolución por mí, quiero decir:
que me descanse–
que me robe las noches cíclicas
de la sangre,
cuando degüellan nuestra casa
las campanas;
las campanas sellan mi recámara,
me sitian y aúllan:
no descanses
tienes rostro y voz;
no descanses.

III

Que ocurriera alguna vez una Revolución,
pero una Revolución diferente–
que empiece y que no termine;
o que termine como un poema,
como la lluvia tropical.

Una Revolución en verdad
diferente: por la perdida
inocencia.

Versión de Francisco Torres Córdova


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