ALDO TORRES PÚA


Chile, 1910-60


RESPIRACIÓN



El aire de todos es mi respiración. Construye.

Mis pulmones reconstruye. Y éstos se multiplican
Y prolongan la memoria de los relojes.
El aire está poblado de respiración.
A veces, de repente, me parece
Que penetramos en la transparencia de todo
Desvestidos aun de la postrer sonrisa.
Es entonces la trágica hermandad de las islas.
La piedra sepultada duerme profundamente
Soñando una corola. Es su respiración.
Desde la planta de los pies suben mis ojos
Con la antigua confianza vertical del lirio
Y trasportan ocultas mis miradas
Una sal de pretéritas pupilas.
Cómo temer al sol, cómo temer al viento,
Con la vieja costumbre de morir
Agazapada entre los huesos.
Cómo temer al árbol sin dinero de hojas,
Cuando mi pecho multiplica su caudal escarlata.
La brisa de la tarde es un cristal que pasa.
Pero mi cráneo es un vaso de tierra,
De tierra en transito hacia el vidrio.
Todas las cosas son respiración en reposo.
Todas las cosas, con mi nombre y lo sonoro
Que crea mis oídos, el rayo
De sol que tiembla moribundo,
Y la penumbra que alumbra las noches,
Y la copa sin ojos del otoño.
Una lágrima se desliza como una araña,
Y es una bolsa de respiración.
El lejano ladrido de los perros nocturnos
Es una esponja de respiración.
El recuerdo respira en los retratos.
La muerte respira en la aurora que pasa.
Por puertas y ventanas entra y sale,
Sale y entra, la respiración.
Un clavo de tiempo fija mis pulmones
Entre la respiración que viene
Y la respiración que va.

CIRCULO

Contemplar el azul y aun exprimirlo entre los labios
No es desear la resurrección, triste ignorancia del soplo
Cuyos pétalos nutren la perfección del círculo.
Lanzo una piedra y al caer son dos piedras distintas.
No es la separación. Se multiplican.
Si miro al sol, una dorada sangre me recorre
Y un pájaro de piedra disparada
Quiere romper mis sienes.
Niños y ancianos pasan hablando con mi voz.
Tiemblo en la pregunta y tiemblo,
Tiemblo en la explicación.
Si desde el caudal de mis venas
Se levanta una niebla como un gran pez que crece,
Esa es la noche y las estrellas son
Las silabas perdidas de la luz.
Somos la primavera y el invierno de la brasa.

CORBÁN

Corbán... Corbán debe estar triste.
Peregrinará las noches.
Es su felicidad, dice una de las voces.
Responde un eco: Y su amargura.
Y de un silencio, afuera, sin estrellas,
surge el grato fantasma del recuerdo.
Seguramente escribe detrás de una ventana.
Oirá silbar los trenes en la noche,
conmovido de viajes sin derrota.
Su olvido de nosotras, en él, es el latido
más hondo, más intenso que algún rostro extraviado.
Una velocidad de luz, en este instante,
será mi voz atravesando su alma.
¿Cuál ha de ser su senda de estas horas?
Horas de templos clausurados, los faros extinguidos.
La noche pesará sobre su espalda,
hasta arrojarle en negros precipicios.
Se apagará una lámpara en su nombre.
La muerte hará un descanso en su camino.
Tendremos que golpear, sin esperanzas,
contra su pecho todo endurecido.
89¡Corbán! ¡Cuánto dulce llamado será en vano,
un eco mudo tornará a nosotras
y nos penetrará su aliento frío.
Caballero del cielo,
¡lleguen hasta Corbán nuestros suspiros!

No hay comentarios:

Publicar un comentario