RICARDO JOSE BUSTAMANTE



La Paz-Bolivia,1821-Arequipa-Perú, 1884


AL ILLIMANI 


¡Salve, Illimani! Magestuoso, inmenso, 
Solitario, levantas hasta el cielo 
Tu frente, que corona eterno hielo, 
Do en vano vibra el sol su rayo intenso. 

La voz del hombre nunca ha resonado 
De tus profundos huecos en el seno: 
Sólo al rugir del viento y al del trueno 
El eco de tu mole ha contestado. 

El águila caudal nunca ha pasado 
Los muros diamantinos de tu hielo: 
Nunca la leve sombra de su vuelo 
Tus fúlgidos cristales ha cruzado. 

Unido con los cielos, en la tierra 
Inmenso bien derrama tu presencia; 
En tu torno difundes la existencia, 
Cuyo germen fecundo en tí se encierra. 

Miro á tu planta selvas silenciosas, 
Do el pino, el cedro y el limón se mecen, 
Y en donde al lado de la pina crecen 
Pálida aroma, purpurinas rosas. 

Las flores su fragancia deliciosa 
En honra tuya exhalan, y un presente 
De gratitud y amor puro, inocente, 
Te ofrecen en el aura vagarosa. 

De tu cima descuélgase el torrente 
Que al saltar se deshace en leve espuma; 
Y aparece al través de blanca bruma, 
Un iris nacarado y refulgente. 

El agua, que desciende estrepitosa, 
Domado su furor, en manso giro 
Corre pura, cual es puro el suspiro 
Del pecho de una virgen candorosa. 

Burlas al aquilón y á las tormentas, 
Que en tí se estrellan con furor insano; 
Al golpe mismo de la fuerte mano 
Del tiempo airado, inmoble te presentas. 

El luminar del dia á tí primero 
Humildemente rinde su tributo; 

Y cuando al mundo cubre opaco luto, 
Aun brilla en tí su rayo postrimero. 

En la noche serena, tu alta cumbre 
Baña apacible con su luz brillante 
La luna, que embellece su semblante 
Al reflejar en tí su clara lumbre 

Hora corona tu elevada cresta 
La nube electrizada que se inflama 
Al resplandor del rayo, cuya llama 
Muestra tu mole colosal enhiesta. 

Los rayos que serpean por tu frente 
¿Son para tí cual son los pensamientos 
De dolor y amargura, que sangrientos 
Y horribles atraviesan por mi mente? 

¿Ó son cual la guirnalda que las sienes 
Ciñe de los mortales venturosos 
Que en el bullicio del festin gozosos 
Encontrar juzgan sazonados bienes? 

Lo ignoro! Pero siento que el delirio 
De la pasión el alma ya no agita; 
Siento que el corazón ya no palpita 
En la voraz hoguera del martirio. 

Bajo la fresca sombra de una palma 
He buscado á tu planta dulce asilo: 
Ya mi pecho se aduerme más tranquilo, 
Gozando de la paz la suave calma. 

De Jehová el poder en tí se ostenta; 
En tí la cifra de su nombre miro; 
En tí su magestad sublime admiro; 
Su eternidad en tí se me presenta. 

¡Cómo! ¿Cual Dios, eterno tú serias? 
¡No! que en la tierra todo desparece, 
Excepto el alma, ú quien benigno ofrece 
Dios en el cielo más dichosos dias. 

Cuando El con su soplo te deshaga, 
Yo miraré desde el excelso cielo. 
En el caos perderse tu albo hielo. 
Cual blanca vela que la mar se traga. 

SAFICOS

Oh, si en la copa, de amor aun llena,
Logré‚ sediento refrescar mi labio;
Si ya en tu seno reposo mi frente

Si el dulce aliento respiré‚ de tu alma
Tu voz oyendo repetirme - "Te amo";
Si el rostro tuyo su calor divino

Oh! si tu llanto v tu sonrisa he visto
Fijos est n sobre mi tus ojos,
Pegada estando a tu amorosa boca

Si ya he sentido sobre la onda amarga
De mi existencia difundirse el n‚ctar
Que Dios depuso en tu aromado cáliz

Decir ya puedo a los fugaces días:
"Pasad, pasad, que la vejez no temo,
Pasad llevando las marchitas flores

Pálida y triste;
Dejó en mi rostro;
Mi boca amante;
Blanca azucena...
Que me ofrecisteis:

Que yo en mi pecho como don celeste
Una flor guardo inmarcesible y pura,
Flor que tan sólo para mi ha brotado
Sobre la tierra.

Tiempo incansable, si jamás tus alas
de paso mueven la dorada copa,
Siempre del néctar, que el amor me brinda,
Llena hasta el borde,

Oh!, ni una gota derramarse puede!
Nada a mi dicha robarás, Oh tiempo!
Que el pecho amante do fijó sus rayos

Vívida lumbre,
Tiene más fuego que cenizas tienes:
Y el alma mía, de inmortal esencia,
Más amor guarda, que tu noche puede
Guardar olvidos".

BOLIVIA A LA POSTERIDAD

De América al gigante veis dormido!
Dios y la Libertad guardan su lecho.
De Iberia vencedor, venció al olvido
Dejando el solio de la gloria estrecho.
Mientras quede en la tierra algún latido
haya una fibra en el humano pecho,
Se han de inclinar los hombres ante el Hombre
Que dióle vida y me legó su nombre.

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