LUIS DE LIÓN



San Juan del Obispo, Sacatepéquez- Guatemala, 1939- 1984

EL POEMA Y EL POETA

Tú me pides
un poema
y yo te digo:
amor,
si tú lo eres.
Cada parte tuya
es una estrofa
y todo el conjunto,
poesía.

Para escribirte
habría que volver
a la poesía clásica,
habría que volver
gimnastas a los versos.
Escribirte
en verso libre
no es correcto
y yo no puedo
escribir 
a la manera clásica.

Mejor déjame
entonces plagiarte
con mis besos,
déjame sentir
toda la resonancia
de la estrofa,
pues de todos modos,
amor,
si tú eres el poema,
yo soy el poeta.

EL ENFERMO

Si tus labios en verdad fueran de azúcar
y no solamente dulces,
hace años que habría muerto...

¡Tú sabes que yo soy diabético!

LA LLUVIA

Así me gusta tu pelo,
tendido y húmedo
como una lluvia.

Ah,
qué infinidad de delgados ríos
se derraman sobre tu espalda,
qué inagotable fuente,
qué cielo el que se deshila.

Si tu pelo no fuera negro,
si fuera transparente
como esta gota,
diría que el día de hoy
principió el invierno
y correría descalzo
hasta empaparme
y vigilaría el momento
en que estallara la primera flor
e insurgiera la primera hierba.

Si tu pelo no fuera negro,
sería la primera cabellera
de este invierno.

LOS CREADORES

Los hombres sentimos envidia de los dioses:
ellos están en el cielo y nosotros, en la tierra,
ellos vuelan sin necesidad de alas
y nosotros tenemos que hacerlo sobre aviones,
ellos hacen los milagros y nosotros tenemos que adorarlos.

Pero cuando tú y yo formamos la figura de un pájaro
volando sobre nuestro propio cielo
-alas son nuestros brazos-
y tu vientre se llena de la más perfecta creación,
son los dioses los que sienten envidia de los hombres.

ACERCA DE LA TERNURA

Si no hubiera conocido tu piel,
si tus ángeles y sus pájaros
-morenos, desde luego-
no hubieran sido acariciados por mí,
si no hubiera tocado la ternura
de sus cantos y sus arpas
y la seda de sus plumas,
seguramente,
mi mano,
esta mano
tendría la dureza
de una piedra.

POEMA A MI BARRILETE

(...) 
hasta que un día,
de una hoja de periódico
pude construir una paloma-barrilete
que volaba,
que metía su poquito en el cielo
para aplacar su sed
y seguir volando,
y se volvió mío todo el infinito,
y me sentí dueño
de todos los arco iris,
mi alegría
se volvió un carrizo de hilo
largo, largo,
y pude enviar a mis hermanos
que vivían en las nubes,
según decía, llorosa, mi madre,
todos los telegramas
que quería.




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