EDMOND HARACOURT


Bourmont en Haute-Marne-Francia, 1856-París, 1941

PARTIR, ES MORIR UN POCO


Partir, es morir un poco,

Es morir a lo que se ama,
Se deja un poco de sí mismo,
En toda hora y en todo lugar.

Siempre es el duelo de un deseo,
El último verso de un poema
Partir, es morir un poco,
Es morir a lo que se quiere

Y se parte y es un juego,
Y hasta el adiós supremo,
Es el alma que se siembra,
Que se siembra a cada adiós.

Partir, es morir un poco...

EL LEGADO

Este poema es tuyo, mi Amada Inaccesible;
tu mirada, tu voz y tu sonrisa guarde;
cante aquí tu hermosura su victoria impasible.

El es casi tu obra, y tú lo sabes tarde,
-estos versos nacieron tan lejos de tu oído-
mas, es la flor -¡recógela!- de mi tardío alarde.

Cuando ya no me escuches, anciana y en olvido,
el te devolverá la abolida belleza
y el capitoso efluvio de tu rosal vencido.

No morirás: mi mente ya forjó tu firmeza;
y porque solo el verbo triunfa sobre las horas,
sobre mi pensamiento tu eternidad empieza.

Desfilarán los siglos -rachas devastadoras-
y colmarán de sombra los ámbitos del día,
y aún dará el ensueño sus diáfanas auroras.

Fuera del tiempo el verbo es sagrada armonía
que eterniza la carne si en alma la convierte
-dón que hice a tus ojos, ¡Inalcanzable Mía!

Yo encendí los fulgores de tu blancura inerte,
la noche en tus cabellos y el rumor de tu paso:
ya rescatada fuiste del poder de la muerte.

Versión de: Carlos López Narváez
www.amediavoz.com

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