ANTONIO GONÇALVES DIAS

Caxias, Maranhão (Brasil) 1823 - Guimarães, Maranhão, 1864



CANCIÓN DEL EXILIO


Kennst du das Land, wo die Citronen blühen,

Im dunkeln die Gold-Orangen glühen,

Kennst du es wohl? - Dahin, dahin!
Mocht ich ... ziehn.
Goethe

Mi tierra tiene palmeras
En donde canta el sabiá;
Las aves que aquí gorjean,
No gorjean como allá.

En nuestro cielo hay más luces,
En nuestras vegas más flores,
En nuestros bosques más vida
Y vida con más amores.

Al pensar, solo, en la noche
Más placer encuentro allá;
Mi tierra tiene palmeras
En donde canta el sabiá.

Mi tierra tiene primores
Como no las hallo acá;
Al pensar -solo y de noche¬
Más placer encuentro allá;
Mi tierra tiene palmeras
En donde canta el sabiá.

No permita Dios que muera
Sin que vuelva para allá;
Sin que goce los primores
Que no encuentro por acá;
Sin que vea las palmeras,
En donde canta el sabiá.

¡NO ME DEJES!

Asomada a las aguas del arroyo
Dijo en vano la flor
A la corriente donde se miraba ...
"iAy, no me dejes, no!

"Quédate aquí o trasládame contigo
A la amplitud del mar.
Límpida o turbia, te amaré por siempre.
¡No me dejes jamás!"

La corriente pasaba, iban las aguas
Tras otras siempre en poso
Inclinada la flor, decía en vano:
"!Ay, no me dejes, no!"

A las aguas que huían incesantes
En igual sucesión,
Siempre hablaba la flor, en vano siempre:
"!Ay, no me dejes, no!"

Por fin desfallecida, ya en el suelo,
Marchita y sin colar,
Busca el arroyo aún para decirle
Que no la deje, no.

La impiadosa corriente la envolvía
Y, mortal, la arrastró.
AI hundirse decía, pobrecita:
"!No me dejaste, no!"

I JUCA-PIRAMA
(fragmentos)

IV
Mi canto de muerte,
Guerreros, oíd:
Hijo de la selva,
En selvas crecí;
Guerreros, provengo
De tribu tupí.

EI hado inconstante
Ha tornado errante
La tribu pujante
En la que nací.
Norteño, por suerte,
Soy bravo, soy fuerte,
Mi canto de muerte,
Guerreros, oíd.

Ví en guerras e intrigas
Tribus enemigas,
Las duras fatigas
Guerreras probé.
En ondas falaces
Sentí los mordaces
Silbidos fugaces
Del viento que amé

Corrí luengas tierras,
Luché en duras guerras,
Vagué por las sierras
De los Aimorés.
Ví lides de bravos,
Ví fuertes esclavos
De hierros cargados
En manos y pies.
Ví campos talados,
Arcos vi quebrados
Y brujos cuitados
Sin sus maracás.
Vi a tiemos cantores,
Sirviendo a señores,
Que fingen traidores,
Amor a la paz.

Sin hogar ni abrigo,
Al golpe enemigo,
mi mejor amigo
¡Cayó junto a mí!
Con faz como ajena,
Plácida y serena,
Tan amarga pena
Callado sufrí.

Mi padre a mi lado,
Ciego y quebrantado,
De penas calado,
Se apoyaba en mí.
Entrambos, mezquinos,
Por malos caminos,
Cubierto de espinos,
Llegamos aquí.

El viejo, entretanto,
Sufría ya tanto
El hambre y quebranto
¡Que ansiaba morir!
Ya no me contuve
Al bosque me atuve,
Las flechas que tuve
Me iban a servir.

Luego, forastero,
Caí prisionero
De un grupo guerrero
Con el que topé.
Los trágicos ruegos
De mi padre ciego
Al ver que no llego,
Triste imaginé.

Era yo la guía
En su hora sombría,
La única alegría
Que Dios le dejó.
En mí se apoyaba,
En mí se afirmaba,
En mí descansaba,
¡Hijo suyo soy!

¿Qué resta al cuitado
Viejo quebrantado,
Ciego, abandonado?
Tan sólo morir.
El tiempo tan breve
Que su vida leve
Acabarse debe,
¡Dejadme vivir!

Yo, sin menoscabo,
No vil sino bravo,
Seré vuestro esclavo,
Volveré hasta aquí.
Corre sin desdoro
EI llanto que lloro,
La vida no imploro:
¡También sé morir! 

No hay comentarios:

Publicar un comentario