ALFONSO ORANTES


Guatemala, 1898-El Salvador, 1985


RUEGO

Iluminaste mi existencia
llenando el arca vacía de mi corazón.

Me abrieron tus ojos las puertas de lo eterno
y el secreto de la vida me lo dijo tu boca.

No vayas a dejarme abandonado
en medio de la dicha.

HALLAZGO

Ella se puso ante mis ojos.
Fué uno de esos días
que iba cantando en mi la vida
una canción de adolescencia.

Ambos temblábamos como niños
ciegos por un deslumbramiento.

En nuestras bocas las sonrisas
fueron mensajes de esperanza.
En nuestros ojos las miradas
iluminaron como fiesta.

Sus ojos me hablaron de cosas eternas,
Su boca me hizo conocer el sabor de la vida.

BARRUNTO DE MI MUERTE
A Paco Figueroa

Errante, sin moverme, en mi desierto
le hallé sin encontrarle. Su presencia
es el propio trasunto de la ausencia
envuelta en las verdades de lo incierto.

Pasa quedando. Cierra y deja abierto.
Es el solo poder de la impotencia
y su existir, la pura inexistencia
en la perpetuidad de lo ya muerto.


Vino en mi sin buscarme, y sin tenerle,
la llevo en mí visible y escondida
y estoy viéndole siempre aunque sin verle

que en este mi infortunio está mi suerte:
pues llevando mi muerte entre mi vida,
es inmortal la vida de mi muerte.

San Salvador. 1942


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