ALFONSO CALDERÓN


San Fernando-Chile, 1930 – Santiago, 2009

AQUI VENDRÉ

Aquí vendré después que yo me muera,
en esta silla escribiré alumbrado,
con otra luz, ardido y deslumbrado,
con otra voz, cantando a mi manera.
Aquí entre la arboleda, compañera
de febriles momentos, casi alado,
vendré a buscar los sueños que he trenzado
en sus ramas, con astros y quimeras.
Aquí vendré al tornar cada mañana,
corpúsculo de música que hermana
será mi corazón entre estas flores.
Aquí vendré, tú no verás mi sombra,
pero seré este mismo que te nombra:
un fantasma con luces interiores.


MORIRÉ EN EL SUR


Háblame de tus venas
y la espuma amarillenta de las lágrimas.
Háblame del torrente salobre
que los dioses desdeñan.



Escucha la marcha de la muerte
en un silencio hermoso
como la delirante soledad de una tormenta.



Háblame de la estrella rota en la lluvia
y del espejo erguido en el murmullo
de un cuerpo sin melodía.



Escucha el eco prodigando labios
y el silbo del ramaje triste
en la lejana eternidad.



Háblame de las rosas viejas
y del mármol esculpido en fatiga de ángeles,
perdidos en la forma.



Después...
Escucha la humedad de unos siglos arrodillados
repitiendo mi muerte, allá en el Sur.



VOLUMEN DEL OLVIDO


Como una lejanía sin respuesta
estás presente en todo:
en los muslos renegridos de unos árboles,
en la tibia ausencia de unas hojas detenidas
en el cansancio sin forma del ser perdido
habitante mojado de los atardeceres del sur.



Todo está en tu aire tembloroso
con fragancia a lluvia o luna de diciembre.
En tu sabor dulcemente extraño
perpetuando la noche temblorosa
de la infancia extraviada entre los labios.



Eres el anochecer de marzo con sus horas plenas.
Eres musgo o presencia helada
recorriendo no caminos sino cuerpos,
a ratos lentos, a ratos sigilosos
hacia el gimiente pulso de un límite


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