RAFAEL MAYA


SEREMOS TRISTES


Oye, seremos tristes, dulce señora mía.
Nadie sabrá el secreto de esta suave tristeza.
Tristes como ese valle que a oscurecerse empieza,
tristes como el crepúsculo de una estación tardía.

Tendrá nuestra tristeza un poco de ufaníano más,
como ese leve carmín de tu belleza,
y juntos lloraremos, sin lágrimas,
la alteza de sueños que matamos estérilmente un día.

Oye, seremos tristes, con la tristeza vaga de los parques lejanos,
de las muertas ciudades,de los puertos nocturnos cuyo faro se apaga.

Y así, bajo el otoño, tranquilamente unidos,
tú vivirás de nuevo tus viejas vanidades
y yo la gloria póstuma de mis triunfos perdidos.


Eres una canción. Aire ligero
cernido entre las flores y los nidos.
Duermen bajo tus pies campos floridos,
y es tu melena un río verdadero.

Comienza en ti mi vida. Eres mi enero
que asoma en horizontes presentidos;
mi comarca de ríos conocidos,
mi alta constelación de marinero.

Por mis manos te vas como una brisa;
envuelves un jardín en un suspiro,
y se abren mariposas en tu risa.

Eres la sombra toda, eres la lumbre,
y yo, elevado el corazón, te aspiro
como el viento que viene de una cumbre.

CIUDAD LEJANA

Ciudad, ciudad lejana, perdida en la aventura
De algún ensueño heroico. Te adoro a la distancia,
Y busco en el celoso confín, con vana instancia,
Tus torres que se yerguen venciendo la llanura.

¡Si penetrar pudiera de nuevo en la frescura
de tus herbosas calles henchidas de fragancia
colonial! ¡si pudiera los sueños de la infancia
juntar en tu regazo cual flores de ternura!

¡Vieja ciudad que olvidas al hijo desterrado!
Tú guardas unos ojos de cuyo fondo viste
Borrarse la leyenda de oro de mi pasado.

Rescátame un recuerdo no más, Canán lejana
Que huyes del horizonte cuando te busca el triste
Y surges más remota y azul cada mañana.

LA ESPINA

De todo cuanto he sido: 
del hombre universal que he ambicionado realizar,
vanamente, prolongando hacia los cuatro lados de la vida 
todas las ramas de mi ser, y, a veces, 
dando, en sólo una flor, toda la fuerza, 
y toda la virtud en un perfume. 
De todo cuanto he sido: 
del rey ilusionado 
-corona de papel, cetro de caña- 
que he fingido encarnar, entre las gentes, 
sin otro reino que la dura piedra 
donde he puesto los pies, ni otro ejercicio 
que el callado y constante de las lágrimas; 
del mendigo azaroso 
que otras veces he sido, recatando 
entre guiñapos, la perfecta gloria 
de haber robado mi caudal de estrellas 
en alta noche y en cualquier arroyo; 
De todo cuanto he sido: 
del constructor de nubes, 
del fabricante de palacios de humo 
que en el desierto alzó torres y cúpulas, 
y ha llenado la selva de balcones; 
del que sacó las bestias mitológicas 
de la dorada cárcel de la fábula 
para hacerlas danzar en el tablado; 
del bufón y del príncipe 
que he sabido llevar, bajo mi capa, 
para sorpresa del pesado vulgo; 
De todo cuanto he sido: 
del viajero que lleva los caminos 
y ríos de la tierra, paralelos 
al curso de sus venas, y del manso 
observador de los tizones rojos 
que calientan la cara del invierno, 
y descongelan, en el libro amigo 
la perezosa flor de la metáfora. 
De todo cuanto he sido: 
del ambiguo flautista 
que amenizó los inmortales diálogos 
de otro tiempo, y del músico ruidoso
que restalla sus cobres en la plaza 
para que se encabriten los corceles; 
del cantor gemebundo 
que hace pasar la luna por las cuerdas 
de su instrumento, en el perdido barrio, 
y del loco que grita 
su razón contra el cielo, y se golpea 
imaginariamente con los astros; 
D de todo cuanto he sido 
no conservo ni el hábito ni el cetro, 
ni el anillo, ni el látigo, 
ni la canción siquiera, 
ni ese ligero rastro de ceniza 
que deja todo ser, si arde o si muere, 
ni una letra perdida en una página, 
ni una palabra en el espacio errante, 
ni un grito entre la noche. ¡Nada! ¡Nada! 
De todo cuanto he sido 
me queda únicamente,
larga, inflexible y empapada en sangre, 
esta bárbara espina, 
única realidad que sustentaba 
la apariencia de todos mis disfraces


Ciudad lejana, del libro La vida en la sombra (1920-1925)

1 comentario:

  1. Que talento de hombre , de verdad ¡Popayán no sabe cuanto ha perdido!. estos poemas enajenan mi espíritu.






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