RAFAEL HELIODORO VALLE


Tegucigalpa, Honduras, 1891 – México, 1959

ÉXTASIS HUMILDE 


Vibro tan sólo por un sueño, vibro
por realizar un simultáneo empeño:
que leamos los dos el mismo libro
y soñemos los dos el mismo sueño…

Las palabras serán piedras preciosas,
claras Ormuces, misteriosas chinas,
rosas antiguas, delirantes rosas,
palabras con aromas y sin espinas.

Será la aurora fina y dulce y clara,
y toda tarde clara, dulce y fina
y toda noche clara y fina para
oír a la oropéndola que trina.

Y sabremos la voz que envía el viento,
y será la verdad el cuento moro
y cantarán el pájaro en el cuento
y en la noche de miel la flor de oro.

Nos volveremos a la sombra suave,
a donde el invisible nos arroja,
hacia el terror de lo que no se sabe
y el perfume de lo que se deshoja. 

ULTRAMARINA

Una nube blanca, una nube azul,
en la nube un sueño y en el sueño, tú.

Gaviotas del norte, luceros del sur,
sobre el mar el cielo y en el cielo, tú.

Música de errantes cítaras de luz,
y luz en el alma y en el alma, tú.

Las ondas me traen cartas del Perú,
y en las cartas besos y en los besos, tú.

Tú en la noche blanca, tú en la noche azul
y en lo misterioso, dulcemente, tú.

ELOGIO AL MAESTRO

Y bien¡ Me llegó a la radiosa pira,
ebrio de azur y libre la sandalia
acuso de ilusión ó de mentira.
¡Traigo en las manos trémulas la lira,
Hércules joven a los pies de Onfalia!
Echo la zarza en el brasero exhausto
mientras del horizonte aurora sube
y del leño triunfal del holocausto,
la llama parabólica, hasta el fasto
empíreo, asciende en forma de una nube!

Vuelca la luz espumas y joyeles
sobre el amanecer —liras y rosas—
con todas sus fragancias y sus mieles,
como epifanía de claveles
Tras una incubación de mariposas…

Blanca de mármol y oro resplandece
la zarca lejanía encristalada:
¡ilusorio jardín que desvanece
un rosal de fulgor, donde florece
el cándido botón de la alborada!

Pálidos lises de enjoyado armiño
luce el azul en su crepón celeste…
¡Oh, Juventud, como el poeta ciño
roble a tu sien, y por ungir tu aliño,
beso las blancas fimbrias de tu veste!

¿Y ese de barba nívea y resonante
báculo de ilusión, a quien admiras?
Peregrino de lengua fulgurante
que merece viajar entre vibrante
mágico son de alondras y de liras!

¡Ese pastor de júbilos que aduna
sacro laurel y diamantina palma,
copia en su frente palidez de luna,
en su conciencia, sol; y tiene una
santa resignación dentro del alma!

¡Oh, fogueado viandante nazareno
que sale del Dolor, como va al limbo
pródigo brote de dulzores lleno!...
¡Lleva el cielo en el alma, porque es bueno
y en la pálida sien le tiembla un nimbo!

Eres tú, oh, Señor! El de tranquila
unción y transparencia de lucero:
¡guardas amanecer en la pupila,
helicones de miel en la mochila
y en tu faz la tristeza del sendero!

Y pues derramas mieses milagrosas
en los ávidos surcos florecidos,
tienes para tus ansias armoniosas,
un temblor matinal, como las rosas,
y un corazón de miel, como los nidos!

Amor! fresco panal, de matutino
y selecto dulzor! ¡La vida es eso!
Todo lo que perfuma y es divino…
¡Se unen los buches y se enjoya el trino,
se unen los labios y se enflora el beso!

Alma! Tú eres de amor; tú das la gloria
al que sube al azul o va al abismo.
Es igual para ti gema o escoria…
Para el que lucha y sueña en la victoria,
nido y tumba, oh, Amor! Todo es lo mismo!

No canses, Señor, cuando tu mano
riegue mucha semilla melodiosa,
que la gracia del lirio fue gusano.
¡Haz que reviente sobre el surco el grano,
y el botón de luz rompa la rosa!

Tu mano herida arroje la simiente;
que es más hermosa, al verse mutilada
en su mármol, la Venus transparente,
y el agua jubilosa del torrente
da más espumas cuanto más golpeada!

¡Oh! cándida ilusión, místico anhelo
que subes al azul por lo divino!
¡Das a las ondas claridad del cielo;
a los boscajes, el temblor del vuelo,
y a las auroras, la piedad del trino!

¡Oh sembrador!, que buscas en la rama
la flor delfuego que la savia atiza,
haz de tu ensueño, lírico oriflama:
¡como secreta floración de llama
bajo el albo crepón de la ceniza!

¡Jardinero que ves en la florida
pascua del polen el plumaje leve
de Florea! Tú pasas por la vida
como beso de amor sobre una herida,
como lucero blanco por la nieve!

Tu corazón en el perfume sella
todo lo que refulge como el astro
que en el plumón de luz rompe y destella,
y en mediodía es sol, y en noche, estrella…
¡Tu corazón es dalia de alabastro!

Canta al Amor! Ya están los marfileños
copos de escarcha desplegando galas,
y pájaros los nidos abrileños…
¡Tu labor es ideal! Cuidar ensueños
abrir los lirios y dorar las alas!

Y bien quisiera darte mis anhelos
todas mis esperanzas y mis rimas.
En el azur los dos somos gemelos:
Tú naciste, Señor, para los vuelos,
Yo, como tú, nací para las cimas!

JAZMINES DEL CABO

Por qué causas misteriosas 
la música de un violín 
o el perfume de un jazmín 
nos recuerdan muchas cosas? 
Sortijas de aguas preciosas, 
pañuelos de raso y tul, 
cartas dentro de un baúl, 
valses del tiempo pasado, 
y lo del cuento azulado: 
"Este era un príncipe azul" 

Esa flor nítida es una 
cosa de la primavera: 
un jazmín que ella nos diera 
en una noche de luna. 
Quién sabe por qué fortuna 
esa romántica flor 
puede expresar el temblor 
sutil que el en alma vive, 
eso que nunca se escribe 
en una carta de amor. 

Suave la hacen los cariños, 
triste las penas secretas, 
y la arrancan los poetas 
y la deshojan los niños. 
Si está sobre los corpiños 
su perfume nos evoca 
el beso, cuya miel loca 
deja sobre el corazón 
la inefable sensación 
de una hostia en la boca. 

Cuando en los días primeros 
se conjuga el verbo amar 
sus flores en el solar 
se abren a los aguaceros... 
Dias tibios y ligeros, 
días de balcón y esquela 
de rondar la callejuela 
y de escribir madrigales; 
páginas sentimentales 
de nuestra mejor novela. 

Días de embriaguez divina, 
todo por unas pestañas 
cuando se ven las montañas 
coronarse de neblina. 
Cuando hay una bandolina 
temblando ante rejas raras, 
cuando se cunden las varas 
de jazmines y de rosas 
y parecen más hermosas 
las noches frescas y claras... 

Y cuando el alma, en su brío, 
lo que tiene el jazmín toma: 
si al abrirse, riega aroma, 
si al sacudirse, rocío. 
Y alguien nos dice "eres mío" 
todas las cosas son bellas, 
y nuestas movibles huellas, 
de pálidos soñadores 
van sobre puentes de flores 
y bajo palios de estrellas. 

Entonces en giro blando, 
son envueltas en aromas 
hacia el viento las palomas 
jazmines que van volando... 
En esos días es cuando 
tenemos palacios reales 
con terrazas de cristales 
y bruñidos pavimentos 
y son de verdad los cuentos 
de los reyes orientales. 

Jazmines de sedas finas 
y de carnes aromosas, 
y más buenos que las rosas 
porque no tienen espinas. 
Platas de fragantes minas, 
incensarios de placer, 
novios para la mujer 
sin novio que haga canciones, 
quieren como corazones 
cuando se dan a querer. 

Y aquellos de la sumisa 
edad cuando nos ensalma 
la novia, el jazmín del alma, 
la hostia, el jazmín de la misa. 
Y los que peina la brisa 
cuando moja los barrancos, 
los que están junto a los bancos 
y los parques y los muros; 
jazmines bellos y puros 
como algunos dientes blancos. 

Los de silvestre hermosura 
que eran con piedad contrita 
regados por la abuelita 
en la madrugada pura. 
(La abuela por su blancura 
en el recuerdo me sabe 
a un jazmín de los más suave 
que se coge en los sembrados, 
un jazmín de los lavados 
con el agua de la llave...) 

Es jazmín con viejos oros 
el marfil de los pianos. 
Yo he visto volar dos manos 
sobre jazmines sonoros! 
Con sus egregios decoros, 
como nacido entre brumas, 
daba el champán sus espumas 
en las copas champañeras, 
entre un blancor de pecheras 
y de abanicos de plumas... 

Niña de mi devoción, 
déjame que ahora duerma 
viendo el brillo de la esperma 
esparcida en el salón. 
Me acuerdo, con la emoción 
casta del primer anhelo 
de tus mejillas de cielo; 
de blancura adorable 
y hasta del inolvidable 
perfume de tu pañuelo... 

Oh, Julieta, oh, Margarita! 
tu evocación es al fin, 
a manera de un jazmín 
de primavera bendita. 
Oh, balcón de aquella cita 
por lo romántica, loca, 
pues cualquier palabra es poca 
para decir lo que yo 
sentí cuando ella me dio 
de comulgar en su boca! 

Jazmines de noble cuna 
los de mis cánticos; puestos 
a serenarse en los tiestos 
que trasplanté de la luna. 
Buenas noches! En la bruna 
tiniebla un surtidor mana. 
Jazmines hasta mañana!... 
De aroma haciendo derroche, 
entrad, porque en esta noche 
quedó abierta mi ventana....


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