LUIS MARIO



Cuba, 1935

TU NÚMERO CINCO

Tengo un papel guardado, mi joven secretaria,
El último recuerdo que me dejó tu tinta.
Era en aquellas horas de la rutina diaria
Cuando hacías el cinco con la curva distinta.

Desafiando a Pitágoras y su correcta forma,
Mucha gracia me hacía tu cinco diferente,
La aritmética tuya alteraba la norma
Como cambiando el curso normal de una corriente.

Pero hoy extraño el cinco aquel que tú me hacías.
Lo mismo que puñales, van lloviendo los días,
Y andando hacia tu ausencia me traicionan los pies.

Porque ahora, evocando tu número deforme,
Mi corazón maltrecho por su tristeza enorme,
Tiene un gran parecido con tu cinco al revés.

ÉRASE UN CORAZÓN...

...y el corazón de un hombre, en ocasiones, 
es un pan desertor de las espigas.
Si como jinete hurta kilómetros,
como potro nació para la brida.
Sobrevive de fantasmas y sueños,
y es pescador de novedosas rutinas.
Puede ser un dechado de absurdos exteriores 
y a la vez un compendio de mansedumbres íntimas.
Cuando se ríe de sí mismo
puede acabar burlándose de su propia risa.
...y el corazón de un hombre sin su tierra, 
es un vacío sobre los zapatos 
para rodar por noches sin estrellas.
Es un espejo abandonado por la luz
que retrata la nada de una queja.
Es el no redondeado en cada esquina
de clausuradas verjas.
Es el necio que busca claridades
tras unas gafas
irremediablemente negras.
...y el corazón de un hombre... ¿he de decir el mío?, 
es un millonario-vagabundo.
Lo sabe la mujer
que diariamente riega mis arbustos.
La que ha bañado con su sonrisa
la dudosa alabanza de mis escasos triunfos,
y también la que en horas oscuras 
ha llorado mis lutos.
-Gracias a ti, mujer, voy acorazonado
en la anchura estrecha de mi frágil mundo, 
pero creciendo en otro corazón 
de otoño sin escarchas, 
con brújula y velamen, que es el tuyo.


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