JOSÉ FERNÁNDEZ MADRID

Cartagena de Indias-Colombia,1789 - Londres, 1830 


NAPOLEÓN EN SANTA ELENA 



i Dónde estoy ? ¿, qué es de mí ? Yo , que podía 

Ser el libertador del mundo entero, ' 
Misero y desgraciado prisionero 
Entre estas rocas ! . . . Mas la culpa es mia : 

Cuando al pueblo mi espada defendía, 
Fui de todos los héroes el primero ! 
¡ Con qué orgullo la Francia á su guerrero 
De laurel inmortal la sien ceñía ! 

Hoy , sin gloria , en destierro ignominioso , 
Al sepulcro desciende el soberano 
A quien veinte monarcas se abatieron! 

Dijo , cruzó los brazos silencioso , 
Y los ojos del fuerte veterano , 
De dolor un
a vez se humedecieron . 

MI BAÑADERA

Triste y fatigado
En la ardiente siesta,
Cansado de dar
Vueltas y revueltas,
De tomar el pulso,
De poner recetas,
Y de oír gemidos,
Y de ver miserias;
Vuélvome a mi casa,
En donde me esperan
Mis hijos queridos
Y mi amiga tierna.
Apenas me sienten
Periquito y Pepa,
Cuando, dando saltos,
Salen a la puerta.
Entre sus bracitos
El uno me estrecha,
Y amorosa la otra
Me halaga y me besa.
Luego, de mis manos
Asidos, me llevan
Al cuarto en que se halla
La mi bañadera,
De agua rebosando
Cristalina y fresca.
Vedlos que, desnudos,
Por mí solo esperan.
¡Qué juegos, qué risas,
Qué amable inocencia!
Ya estoy en el agua;
Amiguitos, ea!
¿Quién es el valiente,
El primero que entra?
Viva mi Pepilla
Que fue la primera!
Pedrito la sigue,
Y empieza la fiesta.
Ya el uno y el otro
Paliditos tiemblan;
Ya por los dorados
Cabellos les ruedan
Las trémulas gotas,
Cual líquidas perlas.
Pepilla, que nunca
Se sabe estar quieta,
El agua a su hermano
Echa a manos llenas.
Con las mismas armas
El otro contesta:
Trábase al instante
Reñida contienda;
El agua va y viene,
La lluvia no cesa,
Y un mar borrascoso
Es la bañadera.
Yo, en medio del campo,
Bajo la tormenta,
Mucho más me baño
De lo que quisiera.
En fin, mi voz se oye,
Hácese una tregua,
Y la paz bien pronto
Concluida queda.
Preséntame entonces
Pepilla otra escena:
Del jabón y el peine
Armada, se acerca,
Y de fuerza o grado,
Quieras que no quieras,
Mas bien que peinarme,
El pelo me enreda.
Mi Pedrito en tanto
Mas juicioso, empieza
A hacerme, cual suele,
Preguntas discretas.
-¿Porqué te viniste,
Papá, de tu tierra?
-Hijo, me obligaron
A venir por fuerza.
-Quién ?-Los enemigos,
Que son unas fieras.
-¿No había soldados
Que te defendieran?
-Sí, pero, hijo, hablemos
Sobre otra materia.
En este momento,
Amable y risueña,
Como siempre, Amira
De lejos les muestra
La cesta colmada
De frutas diversas.
Cual rápida parte
Del arco la flecha;
Cual hiende los aires
El ave ligera,
En pos de la madre
Mis dos hijos vuelan.
Luego, generosos
Tornan, y me obsequian
Con la mejor parte
De su dulce presa.
¡Hijos adorados!
¡Carísimas prendas
Del alma! tan solo
Vosotros pudierais
Calmar mis angustias,
Divertir mis penas!
Así de los tiros
De mi suerte adversa
Os libren los cielos;
Y entre las malezas
De la humana vida,
Benignos protejan
Vuestra inerme infancia,
Y vuestra inocencia!
Triste y fatigado
En la ardiente siesta,
Cansado de dar
Vueltas y revueltas,
De tomar el pulso,
De poner recetas,
Y de oír gemidos,
Y de ver miserias;
Vuélvome a mi casa,
En donde me esperan
Mis hijos queridos
Y mi amiga tierna.
Apenas me sienten
Periquito y Pepa,
Cuando, dando saltos,
Salen a la puerta.
Entre sus bracitos
El uno me estrecha,
Y amorosa la otra
Me halaga y me besa.
Luego, de mis manos
Asidos, me llevan
Al cuarto en que se halla
La mi bañadera,
De agua rebosando
Cristalina y fresca.
Vedlos que, desnudos,
Por mí solo esperan.
¡Qué juegos, qué risas,
Qué amable inocencia!
Ya estoy en el agua;
Amiguitos, ea!
¿Quién es el valiente,
El primero que entra?
Viva mi Pepilla
Que fue la primera!
Pedrito la sigue,
Y empieza la fiesta.
Ya el uno y el otro
Paliditos tiemblan;
Ya por los dorados
Cabellos les ruedan
Las trémulas gotas,
Cual líquidas perlas.
Pepilla, que nunca
Se sabe estar quieta,
El agua a su hermano
Echa a manos llenas.
Con las mismas armas
El otro contesta:
Trábase al instante
Reñida contienda;
El agua va y viene,
La lluvia no cesa,
Y un mar borrascoso
Es la bañadera.
Yo, en medio del campo,
Bajo la tormenta,
Mucho más me baño
De lo que quisiera.
En fin, mi voz se oye,
Hácese una tregua,
Y la paz bien pronto
Concluida queda.
Preséntame entonces
Pepilla otra escena:
Del jabón y el peine
Armada, se acerca,
Y de fuerza o grado,
Quieras que no quieras,
Mas bien que peinarme,
El pelo me enreda.
Mi Pedrito en tanto
Mas juicioso, empieza
A hacerme, cual suele,
Preguntas discretas.
-¿Porqué te viniste,
Papá, de tu tierra?
-Hijo, me obligaron
A venir por fuerza.
-Quién ?-Los enemigos,
Que son unas fieras.
-¿No había soldados
Que te defendieran?
-Sí, pero, hijo, hablemos
Sobre otra materia.
En este momento,
Amable y risueña,
Como siempre, Amira
De lejos les muestra
La cesta colmada
De frutas diversas.
Cual rápida parte
Del arco la flecha;
Cual hiende los aires
El ave ligera,
En pos de la madre
Mis dos hijos vuelan.
Luego, generosos
Tornan, y me obsequian
Con la mejor parte
De su dulce presa.
¡Hijos adorados!
¡Carísimas prendas
Del alma! tan solo
Vosotros pudierais
Calmar mis angustias,
Divertir mis penas!
Así de los tiros
De mi suerte adversa
Os libren los cielos;
Y entre las malezas
De la humana vida,
Benignos protejan
Vuestra inerme infancia,
Y vuestra inocencia!

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