JOSE EUFEMIO LORA Y LORA


Chiclayo (Perú), 1885-1907


PIEDAD


Sea hoy, mi compasivo ruego

por el viejo filósofo eleusino,

por el perro que ladra en el camino,

por el peñasco que desciende, ciego.


Piedad, Señor. Piedad para la pena
que hizo vibrar el hierro al asesino,
para el vino maldito, para el vino
cuyo sorbo final está en el Sena.

Y para el pensamiento que en la noche
sin bordes de la Nada quedó preso
antes de hallar su verbo cristalino,

como la flor helada antes del broche,
como el amor extinto antes del beso,
como el canario muerto antes del trino.


ELLAS

Sol. Fronda. Primavera. Entre los mimbres
de la pendiente cárcel, claros timbres
rondaban de una plácida canción.

Sobre el jardín flotaba un incensario;
Y era, bajo su faz, un relicario
la gracia parisina del salón.

En aquel día se murió mi madre.
¿Recuerdas, corazón?

Otoño. Gris. En la fangosa alfombra,
un enjambre de trasgos en la sombra
tejían un monstruoso rigodón.
En las almas un soplo de neurosis
Y, de niñas y flores, las clorosis
Albeaban bajo el rosa del salón.

En aquel día me besó mi novia.
¿Recuerdas corazón?

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