JAVIER HERAUD



Miraflores-Lima-Perú,  1942 – Madre de Dios, 1963


EL RIO

Yo soy un río, voy bajando por las piedras anchas,
voy bajando por las rocas duras,
por el sendero dibujado por el viento.

Hay árboles a mi alrededor
sombreados por la lluvia.

Yo soy un río, bajo cada vez
más furiosamente, más violentamente
bajo cada vez que un puente me refleja
en sus arcos.

Yo soy un río un río
un río cristalino en la mañana.
A veces soy tierno y bondadoso.
Me deslizo suavemente
por los valles fértiles,
doy de beber miles de veces
al ganado, a la gente dócil.

Los niños se me acercan de día,
y de noche trémulos amantes
apoyan sus ojos en los míos,
y hunden sus brazos
en la oscura claridad
de mis aguas fantasmales.

Yo soy el río.
Pero a veces soy bravo y fuerte
pero a veces no respeto
ni a la vida ni a la muerte.

Bajo por las atropelladas cascadas,
bajo con furia y con rencor,
golpeo contra las piedras más y más,
las hago una a una pedazos interminables.

Los animales huyen,
huyen huyendo cuando me desbordo
por los campos, cuando siembro
de piedras pequeñas las laderas,
cuando inundo las casas y los pastos,
cuando inundo las puertas y sus corazones,
los cuerpos y sus corazones.

Y es aquí cuando más me precipito
Cuando puedo llegar a los corazones,
cuando puedo cogerlos por la sangre,
cuando puedo mirarlos desde adentro.

Y mi furia se torna apacible,
y me vuelvo árbol,
y me estanco como un árbol,
y me silencio como una piedra,
y callo como una rosa sin espinas.

Yo soy un río.
Yo soy el río eterno de la dicha.
Ya siento las brisas cercanas,
ya siento el viento en mis mejillas,
y mi viaje a través de montes, ríos,
lagos y praderas se torna inacabable.

Yo soy el río que viaja en las riberas,
árbol o piedra seca
Yo soy el río que viaja en las orillas,
puerta o corazón abierto
Yo soy el río que viaja por los pastos,
flor o rosa cortada
Yo soy el río que viaja por las calles,
tierra o cielo mojado
Yo soy el río que viaja por los montes,
roca o sal quemada
Yo soy el río que viaja por las casas,
mesa o silla colgada
Yo soy el río que viaja dentro de los hombres,

árbol fruta rosa piedra mesa
corazón corazón y puerta retornados,

Yo soy el río que canta al mediodía
y a los hombres, que canta ante sus tumbas,
el que vuelve su rostro
ante los cauces sagrados.

Yo soy el río anochecido.
Ya bajo por las hondas quebradas,
por los ignotos pueblos olvidados,
por las ciudades atestadas de público
en las vitrinas.

Yo soy el río
ya voy por las praderas, hay árboles a mi alrededor
cubiertos de palomas, los árboles cantan con el río,
los árboles cantan con mi corazón de pájaro,
los ríos cantan con mis brazos.

Llegará la hora en que tendré que
desembocar en los océanos,
que mezclar mis aguas limpias con sus aguas turbias,
que tendré que silenciar mi canto luminoso,
que tendré que acallar
mis gritos furiosos al alba de todos los días,
que clarear mis ojos con el mar.

El día llegará, y en los mares inmensos
no veré más mis campos fértiles,
no veré mis árboles verdes,
mi viento cercano, mi cielo claro,
mi lago oscuro, mi sol,
mis nubes, ni veré nada,
nada, únicamente el cielo azul,
inmenso, y todo se disolverá en
una llanura de agua,
en donde un canto o un poema más
sólo serán ríos pequeños que bajan,
ríos caudalosos que bajan a juntarse
en mis nuevas aguas luminosas,
en mis nuevas aguas apagadas.

NADIE TE MOLESTA HERMANO

Nadie te molesta, 
hermano. 
Hoy duermes en tu cuna 
Y en tu leche, 
hoy duermes en tu sueño 
y en tu noche. 
¿Qué espantos, qué 
miedos te cogerán 
en madrugada y 
te sacudirán en 
viernes o en sábados 
o en sábados convulsos? 
No. Aquí estoy yo, 
hermano, 
velando tu tranquilidad 
y tus noches, 
mirando tus manos 
enlazadas con 
la luna, 
mirando tu rostro 
hundido en tus 
sus otoñales.
Invierno. Y aquí 
está tu hermano, 
tu colcha, tu 
sábana, y 
tu almohada, 
y tu hermano 
para evitar que 
ángeles perversos 
paseen por tus 
ojos 
para coger tus 
sueños y arrullarlos 
fieramente. 
Hoy, durmiendo, 
cuidando tu muerte 
por momentos, 
evitaré que nuevos 
soles nazcan en tu 
frente, evitaré 
las tinieblas y las 
ruinas, 
las miserias y, 
los males, 
(que hoy se vislumbran 
en mis ojos) 
para hacer de ti, 
hermano, 
un nuevo hombre 
nacido aquí en 
la aurora.

Junio. 1960. 

POEMA A UN AMIGO

Jueves, día último de la 
infancia 
Jueves, viernes días dulces 
y amargos para el oído 
qué sombra que luces 
qué soles 
descansaban 
en 
tu 
f rente 
qué soles te acercaban 
al pasado, 
jueves, 
doce, 
último, día de 
los lunes 
poesía, 
martes de la 
semana. 
Luis, hermano, 
hoy la humanidad 
me sabe fuerte 
hoy descanso 
en mis ojos 
y en mi voz.

28 de junio 1960 

LOS VISITANTES DE LA NOCHE 

Me has dado de beber 
en tus manos el agua 
que sale de la fuente, 
la fuente para aplacar, 
mi sed de caminante, 
mi sed que corría por 
los campos cubiertos y 
tejidos de sol, 
la fuente para calmar 
mi sed de vida y muerte. 
mi sed de tus manos frescas, 
la fuente clara, 
la fuente que reía con Machado, 
la fuente que me adentraba con sus besos 
Esta fuente ha llenado de piedras 
mi seco corazón, 
la fuente y tus manos. 
el agua que me ofreciste 
a beber aquella tarde de 
Pájaros entre el desierto, 
la fuente y la piedra, 
el amor destruye como la muerte, 
el amor llena de agua fresca mi 
rostro y mi aliento, 
la fuente como un día en tus manos, 
la fuente de la tarde y de la noche, 
la fuente y mi sed, 
tus manos y la fuente de la tarde. 

IMAGEN NUEVA

Para Armando Zubizarreta

A veces me parezco un poco 
a la imagen de la muerte 
que mi madre descubría 
entre sus cuentos. 
Con mis ojos hundidos y 
mis manos señalando 
blancas calles 
me suelen confundir 
con la muerte devoradora, 
y entonces, 
para jugar, 
penetro en algunas 
casas, 
aliviando a carpinteros y 
artesanos del dolor, 
cogiendo tierras 
y hundiéndolas 
en el mar. 
Soy la muerte a ratos, 
y a ratos conservo mi belleza 
y mis vestimentas 
y asusto perros, gatos, 
y al final, 
como siempre, 
a la higuera estéril y solitaria 
la quemo con el rayo de mis manos

25, Octubre, 1960 

No hay comentarios:

Publicar un comentario