HENRI BARBUSSE

Asnieres-sur-Seine-Francia, 1873-Moscú, 1935


APOTEOSIS

Mis ojos, cansados del día que miente,

¡oh adorada mía!, solo en la estación
Invernal os buscan adorablemente,
En la oración férvida de la habitación

Me detengo en el umbral, sin color.
Es un gran dolor el que os aniquila,
Y en algún rincón de ese gran dolor
Escucháis mi ruego, atenta y tranquila.

Gris está la tarde callada, en suspenso
La frente inclináis, y se desparrama,
Y, como dichos de días sin cuento,
En un triste cántico que sombra derrama.

Y muy poco a poco, mis ojos del día
Van habituándose a vuestra ternura...
Yo comprendo el dulce instinto amoroso
Y elmisterio de la caricia segura.

Sobre la sien un dedo se estremece,
Igual como un santo y doloroso oficio;
La mejilla, un poco ahuecada, sonríe
Con una sonrisa que es de sacrificio

Vuestro humilde cuello, pálido de ver
Os sostiene del dulcísimo espanto,
Perdido en la música del atardecer
Infinito, apenas viviente, entretanto.

Vuestro corazón contemplo, radiante,
En el candor flébil y crepuscular.
Y ahora veo, dócil, humilde, obediente,
Que vuestra bondad os viene a alumbrar.

Brilláis como cerca de un cirio encendido
A fuerza de calma y de tranquilidad,
Y así parecéis un poco una Virgen
En la tarde llena de realidad.

Y la noche deja caer sus fulgores,
Y una paz inmensa santifica el viento;
La gloria en la cual, ya desfallecidos,
De hinojos en el alma del silencio.

De “Los mejores poetas franceses”
Selección y traducción de Luis Guarner


Editorial Bruguera. Barcelona-España, 1974

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