ENRIQUE BUENAVENTURA

Santiago de Cali- Colombia, 1925 - 2003


I- POÉTICA


Decir todo
Decir todo sin decir casi nada.
Entender el lenguaje de la lluvia
ser cruzado por relámpagos 
que dejan ver la armazón del esqueleto.
Las golondrinas que aquí no hacen verano
ni tampoco nidos pero escriben trazos
en el aire y me dictan la escritura
mientras la tarde se viste de ceniza.
Husmear el mar desde los cerros.
Oler la furia erótica del viento.
Sentir el aire que viene de la selva
con un olor a verdura y podredumbre.
Decir todo sin decir casi nada,
oír el silencio, sin secretos en la oreja
hablar con la sartén, la cacerola,
vivir, vivir y morir casi de nada.


Carta a Theo
Dicen en los hormigueros 
de mediocres opinadores 
a diestra y siniestra
que pinto porque estoy loco
que esa locura es lo que alimenta
el genio y de ese modo
no es la miseria
que tú mitigas en silencio
lo que me empuja a la locura
no es el desamor de un pobre
que pinta los trigales
y no tiene donde caerse muerto
lo que me hace enviar 
a la que no responde
algo de mí, al menos una oreja.
No, Theo, según los mascadores
de palabras es el genio
(que no conozco ni jamás he visto)
el que me permite comprar
los tubos de pintura.
Te calumnian Theo, eres tú
(a ver si la semana entrante
me puedes mandar algo)
La pintura es mi lucidez
no mi locura
mi locura es no poder pintar
sin tener que pensar en el dinero
no me quejo pero a menudo
tengo que pelear con Gauguin
sólo por eso y no puedo pintar
entonces y me enloco


Pero luz, lucidez, cálculo,
pasión, amor, entrega no
son la locura Theo
La locura son sólo las carencias

II- ÉPICA

Despedida del mercenario

Después de matar gente
sin mirar a quien,
después de asolar pueblos,
después de asesinatos y masacres
y habiendo recibido de los ricos,
de los dueños de la tierra,
de los ganaderos, de los raspachines,
de los narcos, montañas de dinero.
Después de habernos enfrentado
a la guerrilla exponiendo mi pellejo
por defender a los ladrones del gobierno,
después de tan patriota y patriotero
y de haber servido como mercenario
los intereses del imperio,
abandono las armas y me entrego.
No, no soy un lobo que se pone
su piel inofensiva de cordero.
Siempre he sabido quienes
son los amos y conocido a los
arrodillados. Yo, a mi turno, me arrodillo,
me arrepiento, me doy golpes de pecho.
Adiós, tanta sangre derramada.
Soy inocente. Defendí la propiedad.
Atrás dejo un millón de cadáveres y de huesos.

Al Mahatma Gandhi
A usted le parecerá raro
que un ateo que ama
solamente a las diosas
lo recuerde, recuerde al creyente,
al que vivía lleno de Dios
y vacío de toda vanidad.
Flaco hasta los huesos
calvo y anciano.
Terco y duro como acero
y sonriendo con sarcasmo
de la burla y del menosprecio
de los que nunca creyeron
que usted vencería
al gran imperio
con nada más
que con la claridad
como una pequeña lumbre
en un túnel sin salida
pero usted, Mahatma,
(Alma Grande) que no le cabía
en su magro cuerpo
usted que recogía la herencia
impalpable de Ramakrishna
y el fulgor solar de Vivekãnanda
usted le ganó la guerra,
desarmado y aparentemente
endeble, al gran imperio
sin alardes, ni gritos, ni violencia.
Déjeme inclinarme,
las manos juntas
en el saludo indio
y entrar en su Ashram
con los pies descalzos.
Sé bien que su Aimsa,
su arma secreta
no es exportable,
no es una fórmula
para acabar con las guerras.
El capitalismo es violento
y feroz y se alimenta de sangre
de mutilados y cadáveres.
Adiós, santo sin aureola.
¿Algún día terminarán las guerras?

III- LÍRICA

Nuestros primeros padres

Ay, hermanos,
los de antes,
los de siempre,
los de nunca,
los que no han tenido tiempo
ni tienen historia.
Aún están en los bosques,
hablan con los árboles
y responden las hojas
con una algarabía
de lenguas arcaicas
y hablan con las nubes
donde nacen los rayos
y los truenos responden:
Está bien, hermanos.
Enciendan el fuego,
dibujen los tatuajes
quemando la piel
con el hierro encendido
y copulen día y noche
y engendren lagartos,
aves carniceras y monstruos marinos
y hagan correr la luna
con sus fantasmas adentro
en el oscuro rió
donde riela su sangre.
Y mañana, mañana,
hagan salir el sol
y hagan crecer la yerba
con plegarias y canto.
Ay hermanos, mis hermanos.
No estaban aquí cuando los dinosaurios
elevaban al cielo sus cabezas
y juntaban sus garras
y rezaban rodeados
por inmensos helechos.
Pero quizá en un ruedo,
tomados de las manos
ya estaban ustedes,
transparentes, tan sólo en espíritu,
y resistían, por eso,
al peligro de muerte.
Ay, hermanos, mis hermanos,
después no sabemos
cómo vino el caos
y vino la muerte 
y les dio permiso
de vivir un instante
y los condenó a morir
cuando estaban a punto
de encontrar el secreto.


LLUEVE CON EL SOL

a Jacqueline

Llueve con sol
sobre la tierra seca
que bebe hasta las raíces
esta líquida luz enardecida.
Así es el amor que me ilumina:
sacia mi sed sin apagarla
la calma manteniéndola encendida.


ENMEDIO

(sobre este país)
Hay el tiempo de las lluvias
torrenciales
hechas hilo de plata
por el sol
que sale enmedio de la lluvia
y establece un delirante verano.
En este mar tempestuoso
y congelado
con nieves eternas
y profundos valles
que hierven como calderos
y dos mares
que sin límites lo cercan
nieve y hoguera y selva
urbana y verdadera.
Vine a nacer aquí y no me arrepiento
y quizá vine a
morir también
en esta tierra.

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