EDUARDO GÓMEZ

Miraflores, Boyacá-Colombia 1932


RÉQUIEM SIN LLANTO


Hace un mes comenzó tu muerte 
y desde el primer día 
los niños juegan en los parques como siempre 
y tu habitación fue alquilada 
a un obrero grandote y parrandero 
y todo parece igual en las calles 
aunque tu rostro palidece cada vez más en el recuerdo.
Cuando la oscuridad me rodea en la noche 
me concentro angustiado en revivirte 
reconstruyo tu rostro cerrando los ojos y crispando los puños 
mas solamente flotas al final de un jardín iluminado por la luna 
y es en vano porque no pronuncias palabra 
y tu imagen tiembla y se borra 
como cuando tocamos los paisajes 
que el agua quieta refleja.
Las gentes trabajan 
conversan 
pasan a mi lado 
y sus ojos resbalan sobre mí indiferentes. 
Pienso que son crueles 
pero luego recuerdo que no te conocieron 
que no me saben portador de la tremenda noticia 
y aunque te hubieran conocido y amado 
¿acaso podrían hacer algo que no fuese su vida?
Nuestro mundo comienza a ser joven 
nuestro mundo solamente ama 
aquellos muertos que le han dado más vida.
Por eso no escaparás al olvido 
por eso es tan difícil retenerte
por eso es tan fácil 
llenar el vacío dejado por ti. 
Tu vida fue inocente 
y tu muerte no estremece. 
Es apenas una sonrisa que la niebla va esfumando 
un eco melodioso que se pierde en oscuros corredores 
a donde ya no podremos seguirle.

TORMENTA DE PRIMAVERA

Salgamos al aire libre
en la ciudad de los parques y de los estadios
de las ciclovías donde el tráfico brutal
es reemplazado por el diálogo cordial de deportistas
que sonríen con blancas dentaduras y se esfuerzan
con músculos tostados por el sol.
(Hay un canto tácito en el ritmo de las bicicletas
y un contrapunto de piernas y torsos nervudos).
Recojámonos fervientes bajo árboles añosos
en los bosques que mantienen a raya el acero y el cemento
para conversar pausadamente como en tiempos remotos
y bajo cielos abiertos cosechar fugaces besos
rodeados de ciudad y custodiados por las máquinas.
Salgamos al aire libre de las avenidas
que podrían conducir a horizontes de grandeza
(hay un himno potente en los trenes en marcha
que se lanzan repletos de sueños a la espera,
hay una tensión endurecida hacia lo alto
en la soberbia delirante de los rascacielos).
Que la desdicha de millones se amalgame
para las construcciones de ciudades misteriosas.
Que la fuerza irresistible de quienes escriben con su sangre
haga brotar jardines e inagotables laberintos. 
Que de la fuerza y la gracia desperdiciada de millones
surja un río de potencia irreductible
que se abra paso hasta el Centro donde todo se entrecruza
y participe en la danza de los océanos del mundo.

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