ARCESIO ESCOBAR

Medellín-Colombia,1832-New York, 1867


EL CADÁVER DEL SALVAJE 


Imitación de William Cullen Bryant 


Llevadle, sí, llevadle á la llanura,
Y sepultad allí su cuerpo yerto,
Que la grama del campo y su verdura
Deben ser la modesta sepultura
Del hijo valeroso del desierto.

Al despojo del hombre y á la muerte
Debe el hombre respeto y sentimiento,
Porque es siempre sagrado el polvo inerte
Que fué templo del noble pensamiento
Y animó Dios con su inmortal aliento.
En su robusto pecho palpitaba,
Un corazón magnánimo y altivo,
Y su mirada ardiente reflejaba
El alma que sin mancha conservaba
La grandeza del hombre primitivo.

Del más grandioso ser que ha Dios formado,
Su bella imagen, la criatura humana,
Sólo queda ese resto inanimado,
De cuya yerta sien será borrado
El sello de su mano soberana.

• Ese hombre nunca conoció ciudades,
Ni admiró de sus artes el portento,
Porque lejos del mundo y sus maldades,
Vivió errante en las vastas soledades
Bajo el palio turquí del firmamento.

De tierra virgen hízolo la mano
Que formó nuestra raza, y siempre unido
A su montaña y al florido llano,
Vivió de sus florestas soberano
En el silencio de su aduar querido.

Él amaba las brisas rumorosas
Y de los montes la apacible sombra,
El cielo azul, las noches silenciosas,
Y las fuentes que ruedan bulliciosas
De las llanuras por la verde alfombra.

Hijo de las florestas, las quería
Como á su patria y á su hogar nativo,
Y en medio á la intemperie, allí vivia
Sin resguardarse de la lluvia fria
Ni de los rayos del calor estivo.

Con desden impasible desafiaba
La tempestad y el pavoroso trueno,
Las ondas con su brazo dominaba,
Y con audaz arrojo se lanzaba
De las cascadas al hirviente seno.

Las vírgenes florestas que al salvaje
Dan amparo, solaz, dicha y sustento,
El árbol de magnífico follaje,
Cuyos frutos doblegan su ramaje ,
Fueron su anhelo y todo su contento.

Eran sus marchas en la selva umbría
Por 'los astros hermosos orientadas,
Y con rumor , que él solo conocía ,
El suelo silencioso le advertía
Del distante enemigo las pisadas.

¡ Valiente raza que ha desparecido-
Con su historia y sus selvas seculares !
Una raza rival le ha sucedido
Que altivos monumentos ha erigido
Sobre el polvo infeliz de sus aduares.

Su tierra es nuestra ; el agua de sus fuentes
Apaga nuestra sed y nos recrea;
Mieses nos dan sus campos florecientes
Y á nuestras bellas do nevadas frentes
De su selva el ramaje las sombrea.

¡Pobres indios! Sus bosques y el collado
Donde al sol adoraban, son ya ajenos;
Su suelo entero ha. sido conquistado,
Y nada, «ada se les ha dejado.
¡Que les queden sus tumbas á lo menos!

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