JOSÉ MIRANDA DE SARDI


Chipiona-Cádiz (España), 1899-1936

Yo no soy un poeta
de los que entonan cantos a la luna,
como los que han perdido la chaveta;
yo sé, por mi fortuna,
que una dama tan alta y tan coqueta
no tendrá para mí dádiva alguna.
En mi no tiene asiento
la vil adulación que al hombre infama;
yo canto y digo siempre lo que siento:
no quiero que la fama
me colmen de laureles -¡qué portento!-
siendo un vate de trucos y de camama.
¿Cantar al poderoso?
queda para los pobres fracasados
ejercicio tan noble y tan piadoso,
los hombres bien templados,
de corazón entero y generoso,
antes se morirían avergonzados.
Yo canto a los hambrientos,
a los hijos del odio y de la ira,
a las turbas de esclavos irredentos,
jamás supo mi lira
olvidar a los parias descontentos,
para rendir homenaje a la mentira.
Por eso los laureles
que con ceñir mi frente pudo el hado,
cambiáronse por ásperos cordeles
que en más de una ocasión me han amarrado.
Por eso está mi nombre
envuelto entre las sombras del abismo,
por eso me parece que soy hombre...
por eso tengo orgullo de mí mismo.


Yo no soy un poeta
de los que entonan cantos a la luna,
como los que han perdido la chaveta;
yo sé, por mi fortuna,
que una dama tan alta y tan coqueta
no tendrá para mí dádiva alguna.
En mi no tiene asiento
la vil adulación que al hombre infama;
yo canto y digo siempre lo que siento:
no quiero que la fama
me colmen de laureles -¡qué portento!-
siendo un vate de trucos y de camama.
¿Cantar al poderoso?
queda para los pobres fracasados
ejercicio tan noble y tan piadoso,
los hombres bien templados,
de corazón entero y generoso,
antes se morirían avergonzados.
Yo canto a los hambrientos,
a los hijos del odio y de la ira,
a las turbas de esclavos irredentos,
jamás supo mi lira
olvidar a los parias descontentos,
para rendir homenaje a la mentira.
Por eso los laureles
que con ceñir mi frente pudo el hado,
cambiáronse por ásperos cordeles
que en más de una ocasión me han amarrado.
Por eso está mi nombre
envuelto entre las sombras del abismo,
por eso me parece que soy hombre...
por eso tengo orgullo de mí mismo".
"Yo no soy un poeta
de los que entonan cantos a la luna,
como los que han perdido la chaveta;
yo sé, por mi fortuna,
que una dama tan alta y tan coqueta
no tendrá para mí dádiva alguna.
En mi no tiene asiento
la vil adulación que al hombre infama;
yo canto y digo siempre lo que siento:
no quiero que la fama
me colmen de laureles -¡qué portento!-
siendo un vate de trucos y de camama.
¿Cantar al poderoso?
queda para los pobres fracasados
ejercicio tan noble y tan piadoso,
los hombres bien templados,
de corazón entero y generoso,
antes se morirían avergonzados.
Yo canto a los hambrientos,
a los hijos del odio y de la ira,
a las turbas de esclavos irredentos,
jamás supo mi lira
olvidar a los parias descontentos,
para rendir homenaje a la mentira.
Por eso los laureles
que con ceñir mi frente pudo el hado,
cambiáronse por ásperos cordeles
que en más de una ocasión me han amarrado.
Por eso está mi nombre
envuelto entre las sombras del abismo,
por eso me parece que soy hombre...
por eso tengo orgullo de mí mismo".



AL PINTOR


Pintor, si acaso algún día
quieres sediente de luz,
beber del cielo andaluz
la fulgurante ambrosia;
llegate a la tierra mía,
al pueblecito gentil
donde mi musa infantil
tejió su primer poema,
donde el cielo es una gema
y todo el año es abril.



Llegate que te circunden
las turquesas de su ambiente,
que su sol resplandeciente
de paz dorada te inunde,
ya verás, cuando se hunde
Febo, en la tarde vernal,
que hasta el celeste fanal,
de sus alturas desciende,
y como un manto se extiende
sobre tu pecho triunfal.



Si con arte soberano,
si con técnica divina,
la impresión de tu retina
sabes plasmar con la mano;
si aquel derroche pagano
de deslumbrante color,
logras apreciar pintor;
en tus mágicos pinceles
ceñirán áureos laureles,
tu frente de creador.



Porque hallaréis esmeraldas
en sus viñedos cetrinos,
en el oro de sus vinos
mil tonalidades gualdas,
y en las policromadas faldas
de sus cerros de ametista,
el arroyuelo flautista
donde el azul se retrata
brindará tules y plata
de tus sueños de artista.



Más, si no quieres pintar,
y los bucólicos paisajes
y fantásticos mirajes
necesitas, ¡vete al mar!;
en él podrás encontrar
(esté en bonanza o en guerra)
plasticidad que no encierra
ningún mar, calmo o bravío;
que es el mar del pueblo mío
el más bello de la tierra.



¡Chipiona!, dos cielos tienes
cautivos de tu belleza;
el que envuelve tu cabeza
y ciñe tus albas sienes,
y el otro, que tu detienes
con granítico pavés,
porque el Atlántico es,
si lo agita brisa leve,
como un cielo que se mueve
para besarte los pies.



Véte a mi pueblo, pintor,
que en todo el pueblo andaluz,
no encontrarás tanta luz
ni belleza ni color;
pero si eres soñador
no estes allí más de un día,
que en aquella tierra mía
no sabrá nadie admirarte,
y desdeñarán tu arte
igual que mi poesía.



En El Progreso, con motivo del advenimiento de la II República, el día 23 de abril de 1931 publica:


Fuego en las pasiones, fulgencias del sol,
día esplendoroso del pueblo español;
lucha ciudadana, batalla civil,
fecundo y glorioso catorce de abril,
que en Jaca irradiaste tu primer albor,
asiendo a un tiempo mismo gemido y clamor.
Roja fue tu aurora, rojo fue tu afán;
la sangre de Hernández y Fermín Galán
matizó de grana tu naciente luz,
eres, día catorce, rendición y cruz.
Tu breve reinado, todo claridad,
encendió la tea de la libertad
que ha de alumbrar siempre,
como un nuevo sol,
los vastos confines del pueblo español.
Por eso el coplero, humilde y vulgar,
quiere en este día tu gloria cantar,
poniendo en sus versos emoción viril,
glorioso y fecundo catorce de abril.



LA CRUZ EN EL PECHO


Llevar la cruz en el pecho y no llevarla en el alma
podrá ser costumbre, moda, y hasta signo de elegancia
si así lo acuerda la gente que se entrena en tales prácticas.
Pero nunca será signo de autentica fe cristiana.
Cruces, lazos, banderitas, galones, cocas, medallas,
botoncitos y entorchados, escarapelas y chapas
son pura bisutería o deleznable quincalla
conque se asoma a lo externo la gran estulticia humana.
En lo que a la cruz respecta, diremos cuatro palabras
que serán cuatro verdades, más grandes que cuatro casas.
¿Quiénes han puesto de moda las cruces? Las nobles damas
de familias distinguidas, de clases adineradas
que en los pueblos constituyen la llamada "flor y nata".
Los esposos, los hermanos y los hijos de estas damas
son los dueños de los campos, minas talleres y fábricas
donde se explota al obrero de manera despiadada.
¡A los obreros, señoras, a las tristes clases bajas
que tanto prefirió Cristo cuando por el mundo andaba
entre sucios pescadores y demás gente del hampa!
¡Ved señoras si queréis cumplir cual buenas cristianas
lo que hacer os corresponde sin salir de vuestras casas!
Coged a vuestros maridos, a vuestros hijos del alma
y enseñadles a ser buenos como Jesucristo manda.
Que no exploten al obrero, que sus riquezas compartan
con los que padecen hambre, con los que desnudos andan,
con los que mueren de frío porque carecen de casa.
Veréis como Cristo entonces, ilumina vuestras almas
con un rayito de luz de su bondad y su gracia.
Llevar la cruz en el pecho no es signo de fe cristiana.
Con cruz y todo, señoras, os consumirán las llamas
de vuestro infierno católico si además de esa quincalla
no lleváis a la otra vida algo que a muchas os falta:
¡Haber practicado el bien, como Jesucristo manda!.


No hay comentarios:

Publicar un comentario