FRANCOIS COPPÉE


París-Francia, 1842-1908



LA HERMANA NOVICIA

Cuando en ella murió todo doloroso sentimiento
Y cuando ya hubo perdido toda esperanza falaz,
Fue, resignada, a buscar en unantiguo convento
La gran quietud que prepara para la divina paz.

Sus tocas baten el hábito defranela inmaculada
Cuando ella,pálida,torna del paseohabitual,
De aquella huerta sin flores, de los vientos abrigada,
Donde hay sólo unas legumbres, unos mirtos y unparral.

Mas, no obstante, ella cogió en un día de verano
Una flor que trascendía a cierto recuerdo humano
Que la empujaba –a pesar de la jurada obediencia-

Al mundo, y ella aspiróla en un claustro solitario.
Y después, habiendo puesto en santa paz su conciencia,
Murióse como se extingue el alma de un incensario

INTIMIDADES

XI

Ella es algo pedante. Cuando leemos
-en tanto que las llamas nos acarician
mientras corren llenando la chimenea-
deja que se le escapen agudas criticas.

Como el libro juzgado siempre le busco
entre los mas hermosos de los mas buenos
de mis buenos amigos, constantemente
de tan duros ataques yo lo defiendo.

Pero, a pesar de todas mis intenciones,
resultan mis defensas defensas tibias...
¡Tenemos los amantes, alucinados,
tantas abdicaciones y cobardías!!!

Sin embargo, las voces de las poetas
hallan en las mujeres sus grandes ecos;
no cuando los arrastran vanos lirismos
y suben deslumbrados al quinto cielo;

sino cuando les cantan dulces, amantes,
como Sainte-Beuve, que sufre sus agonías,
o Baudelaire, que gime desesperado,
o Musset, si consigue vencer la risa;

cuando para embotarse la inteligencia,
rendida ya de males y sufrimientos,
buscan en los aromas embriagadores
de vagas languideces, paz y consuelo.

¡Ella los ama tanto, si le interpretan
del corazón las tiernas melancolías!
Y a mis pies reclinada, su voz repite
el pasaje que ¡tanto! Sufrió su critica.

Aquel dulce pasaje, mágico nido
en que siempre se esconden besos y besos...
...................................................................
Y sucede a menudo que el libro, torpe,
suele rodar muy pronto, rodar al suelo.

De “Los mejores poetas franceses”
Selección y traducción de Luis Guarner
Editorial Bruguera. Barcelona-España, 1974

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