ANTONIO FERNÁNDEZ GRILO


Foto: Izq. a Derecha: Antonio Fernández Grilo y José Zorrilla

Córdoba-España, 1845 - Madrid; 1906


EL SOLDADO ESPAÑOL

Curtido por la pólvora que humea,
noble con el amigo y el contrario,
audaz hasta emprender lo temerario,
y más valiente cuanto más pelea.

En rústica mochila que blanquea
lleva su pan, su equipo y su salario,
y al cuello, en el bendito escapulario,
el culto de la Virgen de su aldea.

Semejante al pedazo de metralla
que el cañón a los aires abandona,
sucumbirá ignorado en la batalla;

pero si el triunfo su valor pregona,
para el que lucha, y sufre, y vence y calla...
¿no ha de tener la patria una corona?

LAS ERMITAS DE LA SIERRA DE CÓRDOBA

Hay en mi alegre sierra
sobre las lomas,
unas casitas blancas
como palomas.
Le dan dulces esencias
los limoneros,
los verdes naranjales
y los romeros.
Allí, junto a las nubes,
la alondra trina;
allí tiende sus brazos
la cruz divina.
La vista arrebatada
vuela en su anhelo
del llano a las ermitas,
de ellas al cielo.
Allí olvidan las almas
sus desengaños;
allí cantan y rezan
los ermitaños.
El agua que allí se oculta
se precipita,
dicen los cordobeses
que está bendita.
Prestan a aquellos nidos
los querubes,
guirnaldas las estrellas,
mantos las nubes.
¡Muy alta está la cumbre,
la cruz muy alta!
¡Para llegar al cielo
cuán poco falta!

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