ANDRÉS CASTRO RÍOS








Santurce- Puerto Rico, 1942 -2006



EL HOMBRE

El hombre con su muerte proyectada

en el rígido espejo de la ciencia,

dobla la tempestad de su existencia

a fuerza de haber sido sombra o nada.

A fuerza de que fue carne imantada,
hueso gris en el pulso de la ausencia,
lleva su muerte en flor, su no-conciencia
por corona de dichas una espada.

Por corona de dichas un tormento,
una angustia de sal y un pensamiento
perdido sin razón, nunca pensado.

Perdido sin razón el hombre calla,
porque sabe, al final de la batalla,
que es un poco de polvo desatado.

UN DESTELLO DE LUZ

Un destello de luz y una medalla
en el camino de un hermoso cuello,
era de pronto un celestial destello
cantando al alma por donde ella vaya.

Una herida mortal que no se calla
andaba a ciegas tras el cuerpo bello
y de los pies subiendo hasta el cabello
era una dulce y musical batalla.

Pasando por la lluvia y por el viento
comenzar a querer desde el final
pensando que lo eterno es un momento.

Ese amor que es celeste y es mortal
duerme en el pecho con el sufrimiento
guardado como un mismo madrigal.

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