ALFREDO GANGOTENA



Quito-Ecuador, 1904-1944



EL AGUA


Navegante,

¡Almendra del navío!

La mirada acorralada por tantos brillos,

Amianto y témpanos vivos de la estrella polar.

El arco metálico arranca de las ramas astrales

El lino de las cataratas.

¡El hielo de las cabezas sobre la esfera

Que sonará una voz sin nombre!


¡Bah, la luna en su plenitud!


El asalto guerrero de las llamas

Que me libra de la sima de espuma

Y de las jaulas de plata.

La campana gotea, ¡ay! en la clepsidra:

En mí las sílabas del otro, virtuales y explosivas.

Presa total de las bocas de la hiedra,

Rueda también mi hermano hacia el pantano del Atlante.

Con la sola resaca de la orilla liminar

¡Cuán lejana es la osadía del corsario!

La fauna brota cardinal y ampulosa:

¡La manada salvaje

del Maelstrom!

¡Yo me abrazo al mástil como un retoño!


Versión de Tolomeo Samaniego

De "Primeros poemas" 1923 – 1927


PERO ÈL



¡Amén, Silencio! El paso se inquieta en el suelo de las gamas.


Recojamos las melódicas flores de la pastoral

Para nuestras tiernas hermanas.

Venid todos, mordamos los barbechos; para nosotros los peces y el arsenal.

Agua disipada de ámbar en la resonancia estelar. 

¡Que el mundo alterado inicie las rutas del relámpago!

Íntimamente intactos, oh cementerios, de mi fósforo,

Enrollad vuestro mar deslumbrante, vuestro océano sonoro.

Entre la inmovilidad de los tallos que el astro confunde

Están mis labios arrastrándose en esas lágrimas y áureas bebidas.

Las formas se lanzan a la conquista del viento.

Alojad a ese anciano, advientos, nitidez,

La espalda ya no soporta bajo tanta oscuridad.

¡Me bastas, cohorte, y me atormentas!

Maldición, ¿qué vigilancia me sujeta hacia atrás las huellas?

Ave de infortunio, tú serpenteas, ave

Implacable, en mi cerebro.

Brujas, silba el veneno de vuestros dedos;

¿No soy acaso digno de vuestras cábalas?

Un cargado aliento -floración más rara-

Injuria violentamente a los que viven en las charcas.

Fuerzas secretas, ¡para mí el magisterio de vuestros cenáculos
Si desfallezco!

Sin embargo, tal cálculo

Era fórmula cierta y hecho de milagro,

Solemne y bajo vuestras cúpulas protegido,

¡Oh lámpara de ceguera!



Versión de Tolomeo Samaniego

No hay comentarios:

Publicar un comentario