SÁNDOR KÀNYÁDI

De Hungría
Porumbenii Mari, Rumania, 1929

CÉNTIMO

Una vez en el metro me dolí
de mi azada en las ramas del peral,
mordida por el óxido;
me detuve y tiré
diez céntimos al ciego
del acordeón, y al tintineo
de entre las ramas se alzó un grajo,
y en lo oscuro del túnel fue a perderse.

SOÑOLIENTA

La mar no está dormida
apenas cabecea como yegua
por veces sacude la cola
agitando las crines
la mar dormita
sobre sus patas como yegua
desde sus entreabiertos párpados
sigue blanqueando
el rotundo horizonte

HUMO

Ya de lejos denota el humo arraigo humano
desde la trasgresión de Prometeo
desde que se calienta,
cuece y asa, incendia, quema
e incinera, desde entonces la historia humana humea.

Leve humo azul de fuegos en la noche,
humo de pira, hoguera y crematorio
tiñen de ¿familiar? negro la bóveda
sostén del sol, la luna y las estrellas.

Fumo sentado en la colina y desde el valle
se encarama traslúcido el humo de las casas
sobre rayos de sol casi a nivel,
pero el inaguantable humo de sesos
agita mi memoria de sabores y olores.

¿Quemarán libros en alguna parte?

DESEO DE COMIENZOS DE OTOÑO

Los ánades y grullas
se insertan ya en el cielo;
otoño largo a los que quedan,
buen viaje a los que parten.

También las golondrinas se preparan,
en fila sobre el cable del telégrafo;
buen viaje a los que parten,
otoño largo a los que quedan.

Las sombras enflaquecen,
los arroyos se enfrían;
otoño largo a los que quedan,
buen viaje a los que parten.
Los venados echan lana,
el sol poniente bermejea;
buen viaje a los que parten,
otoño largo a los que quedan.


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