NELSON MERREN

La Ceiba-Honduras, 1931-Nueva York, 2007

SABOR A SOMBRA
 


He tomado parte en sesudas discusiones
Sobre si la poesía política
Tiene derecho a llamarse poesía
Y comido ancas de rana y horrorosos percebes
Y panes con miel y toras ácimas
Y visto salir el sol y recordar en ese instante
Que los poetas lo han llamado el ojo del día
Y dorado emperador
Y leído deliciosas y cretinas novelas pornográficas
Y dramas en que la virtud es recompensada
Y me he aburrido de tanto día soleado
Y añorado los de lluvia
Y tenido diez días seguidos de lluvia
Y añorado los soleados
Y he hecho cosas indecentes en ciertos parques
Y visto caer la noche y tratado de crear una frase nueva
Y viajado en auto y en ferrocarril
Y comido duraznos y humildes bananos
Y dicho: en cuantos lea todo lo del socialismo
Podre morirme en paz
Y olvídalo de todo con unos vasos de vino
Y bañado desnudo en los ríos como un polinesio
Y dicho: en cuanto vea todas las películas
De esa famosa actriz podre morirme en paz
Y viajado en distintos tipos de aviones
Y dicho: ¡La inventiva del Hombre Blanco!
Y he quebrado espejos grandes
Y tratado de olvidarme de los días amargos
Y dicho: en cuanto pruebe todos los cocteles
Podre morirme en paz
Y sostenido sin creerlo que los hombres fuertes
Tienen poco seso
Y lavado mi cuerpo con jabón perfumado
Y pisado inmundicias en callejones oscuros
Y comprobado que en China el blanco es color de luto
Y echado de mi cabeza a escobazos los días amargos
Y extasiado con los nombres de las estrellas
Altair Vega Sirio Benatsnach Zubeneschamali
Y dicho: ¡que vida tan rica la mía!
Y sonreído de niños descalzos y de vientre hincadas
Que se llaman Cesar Augusto
Y visto que soy prácticamente igual a los chinos
Y a los negros
Y escrito con plumas de ganso
Solo por curiosidad
Y examinado mi espalda y aun más abajo
En un gran espejo
Y examinado mis ojos en un espejo
Y visto algo en ellos infinitamente doloroso
Y recordado toda mi vida
Y visto que no hay nada como el éxtasis negro
De la muerte
Y sentado en parques, bajo el viento helado
Esperando que llegue
Y deseado siempre, con cada latido de mi corazón
La paz que no termina.

PAISAJE CON UN TRONCO PODRIDO

Flojo el mar, con pereza
zarandea constante al viejo tronco.

cada vez que respira
el mar, lo mueve un poco,
lo tira más allá, luego lo atrae,
y lleva horas en esto.

En esta pobre costa
con bloques de cemento carcomido
y carnaval de letras y papeles
el mar sigue jugando
sin ganas con el tronco.

Ni el mar se anima un poco,
y el tronco es un pelele
resignado a su suerte
y yo sé que los tres estamos aburridos.

ESPERANDO 

El círculo, o lo informe,
o lo que no tiene volumen, pero
que me ofusca quietud.

Lo imponderable,
lo que tiene dimensiones
pero que no deje filtrar ningún recuerdo.

Lo luminoso, o plúmbeo,
sin que pueda saberlo,
pero que adormezca para siempre
cualquier ansia.

Allí disolveré mi título de hombre
que me hizo candidato para todos los infortunios.
Allí no me agitaré con fútiles alegrías
ni con sinceros dolores.
allí me olvidaré de amar conceptos
y de ser engañado.
Allí mis pasiones se habrán esfumado
y dejarán de zarandearme.
Allí olvidaré que el hombre es admirable y perverso
y olvidaré mi latitud y el tiempo.

BIOGRAFIAS

No logramos nada de conversar con los pescadores
que pasan largas horas atentos,

ni de admirar el estoicismo quieto
de los carteros diligentes.

No logramos nada de beber los filtros deletéreos
de la filosofía.

Ay de los que dieron su paz
a cambio de un plato amargo de verdad.

Bienaventurados los que aman la verdad
porque de ellos será el reino estepario.

No logramos nada con entender de causas
y el panteísmo tampoco es una panacea.

Bienaventurados los que saben que lo ignoran todo
porque de ellos será un reino estepario.

no ganamos nada con saber de trascendencia
pues el sufrimiento es algo real.

Felices los que saben que están solos
porque de ellos será una alegría sin llama.

CIUDAD NATIVA

Y me dijo mi madre:
“Fue una mañana invernal
cuando a mis brazos llegaste.
Yo te besé muchas veces
y lloré no sé por qué”

Esa mañana de Diciembre se hizo camino
y lo mismo las lágrimas.

Hoy regreso
de un país donde el paisaje
es solo aire y horizonte.
Regreso a tus montañas
a tu intacta verdura,
a tus tejados calientes.
Y me siento en los parques
donde la sombra es móvil,
y voy hasta la playa
donde
la luz, de blanca, tiene
fogonazos azules.

Arena traída y llevada,
¿serás la misma?
En otro tiempo fui, joven grumete,
por los barrios portuarios
viendo
hombres de óptica confusa salir de las cantinas
y la constancia de las vigas
y demás de las escarolas del humo
descifré la ortografía de los navíos,
y vi la arquitectura del polvo
subir a las ventanas.
(¡Allí están, no lo sigas,
no cruces corredores
de tinteros antiguos!)

Mi soledad anduvo de rodillas
por el sol y tus barrios,
y una piedra insultada
me crecía por dentro.
Recuerdo para siempre
cuando quise ser duro
y resueltamente
maté mi primer pájaro.

Y el ruido me llevó
por valles y volcanes,
penínsulas de cuarzo y playas álgidas.
Y anduve insomne, errante,
conociendo y viviendo,
y en las manos abiertas y desnudas
un ronroneo negro de preguntas.

Hoy regreso a tus casas
afanadas y buenas,
toco cercas con polvo
y recorro tus calles
con confeti de baches.
Camino hasta el crepúsculo
de la quieta bahía,
y el zumbar de preguntas
en el aire simétrico
no sé qué color tiene.

(Al regreso de Texas, 1965)

ODA COMO TESTAMENTO

Semilla frágil, canastillo alado
dormido a la intemperie
mi amor te levanto, y hoy eres
alto mástil de flores.
Beso en los ojos, dulce
catapulta florida.
Maquilishuat amado, testamento
de mi pecho destruido,
que atesoró la fúlgida caricia
de la belleza.

Libro mío de sombra.
Piedra de llanto. Torre de agonía.
Reloj maldito y maldiciente, eriza
tus pestañas de escarnio,
recuerda lo que vives:
un viento oscuro y una luz horrible,
un brazo centimano florecido
con valijas de tedio,
ojos de horror y párpados de insania,
El silencio
abre bóvedas altas e infinitas.
Hay que llenar los huecos con el odio,
erigir obeliscos de blasfemia
y aborrecer el aire.
Libro, mi único hijo.
Todo otro fue negado,
anulado, proscrito.
Yo no traeré hijos
a las puertas violentas.
No quiero ver sus ojos derrotados
en el silencio solapado.
No formaré esas células de angustia
para fruición de Dios.

Esta agonía ardida
será privada. Sola
bajará en el mutismo de mis huesos
al confuso inventario
solo quiero dejar unas palabras
unos débiles símbolos
de un infinito de odio,
su rígida pureza
insomne bajo el cielo.

HABLA EL TRANSEUNTE

Dolor, ¿Cómo estás cansado?
Todos te vieron siempre
corriendo como un poseso
derribando peatones
tanteando y empujando puertas.
Pero a veces te sientas en los callejones sin salida
y al que llega le das cualquier dirección descabellada
o sacas un mendrugo asqueroso de tu alforja
y lo obligas a aceptarlo: “¿Ve con Dios, hijo mío…?”

En las clínicas pirámides y en las casas,
en las gargantas derrumbadas
hay órdenes de no dejarte entrar
y ciertos sobrevivientes quisieran
llevar la advertencia en la solapa.
Nadie quiere tus insolentes subsidios.

Dolor, tómate unas vacaciones,
vete a venerar por ochocientos siglos
a una isla habitada sólo por cucarachas,
y si te aburres
enséñales a exterminarse con sus brillantes élitros
color de avellana.
Puede ser que también encuentras allí
cavernas con extrañas estalactitas
y polvosos huecos de hombre que una vez conociste.

PAIS NOCTURNO

La noche encerró las casas en una gaveta
pero todavía hay lugar para moverse,
salir sin cuidarse mucho de la ropa
y llegar a los acantilados al final de las calles.
Ahí el silencio es como una respiración polvorienta
bajo el aire que tira golpes de sombra.

Todos se quedan en sus casas
y para alumbrarse usan un huevo frito
que a veces los ayuda a llegar hasta la puerta.
Yo salgo a la calle entre esas ventanas mortecinas
y huelo las flores que solo se abren de noche,
blancas y terribles con pétalos como gritos
y ojos celosos que me azotan las manos y la cara.

Puertas adentro, todos hacen gárgaras de harina
pues creen que eso tonifica
y una porción divina que requiere cuidados
y que tiene un sublime contorno de artefacto volante.

Nadie quiere ver los majestuosos acantilados
a los extremos de los calles.
Me dejan la noche para mi solo
¡y esas flores que esperan extrañamente
extendiendo sus flagelos!

EQUINOCCIO 

La noche avanza desde la bahía
desvaneciendo plumas y bronces
la noche viene como un animal marino
y se hunde bajo la quilla de las goletas
veloz con altos muros de calma
la noche que tiene ajedreces azules.
El agua viaja hasta las rocas acorazadas
el cielo no va a ningún lado.
Pienso siempre estoy aquí
formando arriba polígonos a mí enojo
pues no he venido a teñir campañas
ni a apagar la lámpara en la mesa del miedo.
Amé sí a veces la fuerza el misterio
de un rostro barbudo
un perfil de muchacha
todo eso es una pequeña moneda.
Seguiré en esta noche de cáscaras doradas
hasta el último signo
hasta las llaves calientes.
Así también la vieron los grandes espinazos.

Tiempo, atroz piedra fija sin memoria de tiempo
y el agua negra quieta ignorada lo inmenso.
Solo una arista de ruido queda sobre las aguas.

CONVERSACIÓN

Estás mejor así, créeme, muchacha.
Tal como otras, supones
que mí afectada indiferencia solo
es un reto a tus prominentes encantos, pero
que estos, al fin, triunfaran.
Pero otra vez te ruego, escúchame:
abandona la caza. Solo conseguirías
un incomodo tirano que le grita a los niños,
que odia la hipocresía y aun la idea
de traer hijos al mundo.
Además, por supuesto, has de creer en Dios,
que recompensa y es muy amoroso
y lleva la contabilidad de los pecados
de todos las colegialas y las secretarias
aunque unas vivan en Brasil
y otras en Australia y otras cosa así.

Está mejor así, dulce muchacha.
Deja que otro galán te engañe con palabras
más viejas que la arena.
Yo no miento, lo he dicho
siempre: yo soy un lobo
estepario, un lobo solitario
perdido entre las gentes.

PASANDO

Bajos altos edificios
en las aceras
en la algarabía de tomates y repollos
de los mercados
en los elevadores y tranvías
cruzando puentes
contestando a gritos
discutiendo a gritos
llorando a gritos
sintiendo en la garganta y en los sesos
el aguardiente de una cólera terrible,
leyendo diarios y revistas
en consultorios pintados de blanco,
por todos lados, a donde vaya
aquí, allá, siempre he tenido,
tengo en los ojos ante mí
ese color de cuernos negros,
tengo en la boca, siempre,
ese color a exilio.

http://poesiademerren.blogspot.com/


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