MICHEL LEIRIS


París-Francia, 1901 – Saint-Hilaire, 1990


Mi libro de canto dorado que no quiero leer de cabo a rabo. 
Mi tarta de aniversario que no precisa de velas para estar iluminada. 
Mi alcohol que transporta sin náuseas ni dolor de cabeza. 
Mi banco para una inmaterial suerte de carpintería 
Mi barco de recreo siempre listo para hacerse a la mar. 
Mi violín que se hace melodía en cuanto mi mano roza sus cuerdas. 
Mi arma de precisión no atacada por la herrumbre.
Mi aurora en los verdes jardines y en las pilas de carbón. 
Mi sendero del bosque jalonado de blancos guijarros. 
Mi fábula demasiado maravillosa para sufrir el post-scriptum de una moraleja. 
Mi castillo de torrecillas múltiples, desvanecido apenas se baja el puente levadizo. 
Mi unidad, en la presencia y en la ausencia. 
Mi alfabeto -de arco iris a zodíaco- con viñetas pintadas en los tonos más ácidos, 
y en los tonos más suaves. 
Mi desgarrón y lo que zurce 
Mi prueba por el nueve. 
Mi parte y mi todo. 
Mi panacea. 
Mi suerte. 
Mi razón y mi sinrazón. 
Mi frescor y mi fiebre.

Versión de Antonio Martínez Sarrión
Visor Madrid 1984

DEMASIADO TARDE

Demasiado tarde 
es la muerte de los tarots 
la muerte de las piedras preciosas y las escalas salvajes 
muerte de los relojes de la luz 
hundimiento de los engreídos escaparates 
muerte de las antiguas arrugas en las humanas frentes 
cuyos relieves agrietan la tierra 
muerte de los muertos agitados por la acritud de los sobresaltos 
muerte de los rostros tejidos con hilos de humo 
muerte de las cartas cerradas en el vientre de los buzones 
muerte de la maquinaria que mueve los barcos 
muerte de los burdeles de clavados postigos en cada clavo una gota de sangre menstrual 
muerte de los monstruos marinos 
apestosas playas 
arenales que remueve el dedo de un fantasma 
muerte de las algas voladoras que trazan algebraicos signos sobre el frontón de las olas 
cuando las escamas se extienden en columnas 
muerte de las cadenas amarradas al suelo con argollas 
grieta de hielo entre cielo y tierra 
ruptura de contrato fin de la clausura 
muerte de los sordo-mudas-ciegos 
incendio de muletas 
muerte de sangrantes mordiscos 
muerte de los peñascos 
de los labios 
de los enamorados 
muerte del amor de los astros 
muerte de la mirada 
muerte de la muerte 
demasiado tarde

Versión de Antonio Martínez Sarrión
Visor Madrid 1984

BELLA

Para descubrir la existencia de los extasiados filones
en las móviles profundidades de tu cuerpo
mis dedos son varitas mágicas.
Insólitas serpientes de la cólera
mis muebles se odian en mi dormitorio
y sus grandes batallas inmóviles recuerdan
las de nuestras manos las de nuestros labios
las de febriles vapores que brotan a medianoche en los puertos
las de mansiones que invisiblemente se rajan de alto en bajo
cuando los pasos de una mujer demasiado bella resuenan.
Ella era hermosa como el día.
Belleza es la corona ardiente
es el rumor que recorre el árbol
del corazón a la corteza por la albura.
Belleza es el esplendor de una boca que se pliega
herida por los remolinos de un lenguaje en excesivo amargo
como son todas las lenguas que pretender decir alguna cosa.
Ella era bella como un espejo
un deformante espejo donde se miran igualados por la común irrealidad
los que son feos y aquellos que poseen una insensata elegancia.
Los espejos se empañarán cuando sus labios hayan concluido
de dar en el espejito del bolso ese precario signo de vida
los espejos madurarán
porque madura cuanto se empaña.
Y en efecto.
es la muerte eterna quien –royendo cuerpos y rostros-
otorga a algunos ese encanto inolvidable
de las viejas cosas que han perdido el dorado Extremos de cordón roto
Troceados corazones Ojos perdidos Cortadas uñas.
Amo cuanto se deshace
maduros frutos que caen a tierra a tiempo de enmascarar
su fracaso en la noche.
Oh, inalterable blancura de las tenues aureolas.
Cuerpos destruidos Marchitos rostros.
Inseguras estatuas roídas por la lluvia y los hongos.
No amo sino vuestra forma desvastada
pareja a cuanto el amor amengua y de colora

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