MANUEL MOLINA VIJIL


Tegucigalpa-Honduras, 1853-1883


HONDURAS REDIMIDA

Al doctor Marco Aurelio Soto.


I

Bella, magnífica, inquieta,
Llena de dulce candor,
En esta hermosa glorieta
Está en presencia el poeta
La sibila del amor.

Dulce palabra murmura
Con plácida dignidad;
Y con su mirada pura
Derrama en mi ánima oscura
Torrentes de claridad.

Con sus sonrisas me halaga,
Me llena de inspiración;
Y con su armonía vaga
Me pide que satisfaga
La deuda de un corazón.

Del de Honduras, patria mía,
Que en su contienda infeliz
Con inaudita porfía
Para insultar su agonía
Rasgaban su cicatriz.

No bastaba el desconsuelo
De su eterno padecer,
Y la hicieron en su duelo
Posar la frente en el suelo
Y sus cadenas lamer.

Débil cordero rendido
En las garras del león,
Que al dar su postrer balido
Halló en su sangre teñido
Su inmaculado vellón!

II

Los seres desde la cuna
Todos tienen variación:
Muda de fases la luna,
De caprichos la fortuna,
Los pueblos de condición.

Así Honduras, sumergida
En su negra adversidad,
Al descender desvalida,
Como genio le dais vida.
Como hombre su libertad.

Vos de su faz hechicera
Habéis borrado el capuz,
Y con constancia sincera,
Aquí y allá por doquier,
Borráis la sombra y dais luz.

Con vuestras obras altivas
Vais orlando la ciudad,
De líneas de Morse activas,
Imprentas, locomotivas,
Y asilos de caridad.

Del siglo décimo nono
Nos brindáis la comunión;
Y dejáis que en nuestro abono
Alce la ciencia su trono,
La industria su pabellón.

III

Todo un pueblo con orgullo
Sus destinos os fio ayer;
Hoy a su plácido arrullo
Sentís el grato murmullo
De su infinito placer.

De sus costumbres reacias
Solo queda el ataúd.
Pasaron nuestras desgracias;
Por ello os damos las gracias,
Brindando a nuestra salud.

A MI MADRE

¡Ay!, yo distante de mi patrio suelo
Sus auras perfumadas no respiro,
Y en la estrecha extensión de mi retiro
Evoco los recuerdos con afán;
Ya no derramo el llanto que me exige
Este país de compasión ajeno,
Más como gotas de letal veneno
Aquí en mi corazón cayendo van.

Aquí no encuentro un ser que compasivo
Del desgraciado se apellide hermano;
Aquí un alivio se pretende en vano,
Y los consuelos irrisiones son.
¡Injusta sociedad! Visteis mi llanto
Y me arrojasteis el anatema encima;
La carcajada vuestra me lastima
Y me arranca la fe del corazón.

Más tú, madre infeliz, que por mí lloras
Allá en tu triste soledad oscura,
Tú puedes comprender mi desventura
Y medir la extensión de mi dolor;
Tu recuerdo sagrado presta aliento
A mi ánima doliente y desolada
Para llegar al fin de la jornada,
Donde me aguarda tu infinito amor.

Pero no sufras más… Enjuga el llanto
Que en tus párpados arde noche y día;
No olvides que hay un Dios; en Él confía,
Que a tu seno ese Dios me llevará;
Y nada entonces bastará a arrancarme
De tus amantes brazos ni un momento;
Y si derramo el llanto de contento,
Ese llanto tu mano enjuagará.

¿Qué fuera sin tu amor el hijo tuyo
En medio del océano de la vida,
Luchando con esa ola embravecida
Que sin razón se llama sociedad?
¡Ay, sin tu amor, tal vez pasado hubiera
De la senda del bien a la del crimen,
Y cuando ora a su placer me oprimen
Mañana buscarían mi amistad!

Pero prefiero, abandonado y solo
Y lejos de tu lado, madre mía,
Imitar tu virtud, mi único guía,
Y sentir siempre la conciencia en paz,
A encontrarme rodeado de ventura,
De honores, de placeres...mas sin calma,
Llena de vicios esconder un alma.
Tras la risueña, engañadora faz.

Si acaso te ofendí, cuando era niño,
De mi imprevisto error heme contrito;
Joven aun, consejos necesito,
Y de tu cuerpo y protección también.
¡Bendíceme y perdóname! Soy tu hijo,
Pedazo de tu ser, ídolo tuyo,
Tú has sido mi ambición, eres mi orgullo,
Tú mi esperanza y verdadero bien.

A MARÍA

¡Ah, calla, por piedad, calla María!
No recuerdes a mi ánima angustiada
Una historia de amores desgraciadas
Que fue mi gloria y mi esperanza un día.

Ya no atormentes la existencia mía
Con levantar lo que se hundió en la nada;
El palmo postrimer de mi jornada
No siembres de letal melancolía.

Mucho sufrí cuando te halle en los brazos
Del ser feliz que convirtió en abrojos
Las bellas flores de mi edén fecundo;

Hoy que ya se hizo mi ilusión pedazos
No arranque llantos a mis cansados ojos;
Déjame dar una sonrisa al mundo.

ÚLTIMA VEZ

Te llamo con el título más dulce, ídolo mío,
Y responder no quieres al grito de mi amor;
Esta desierta tu alma, tu corazón vacío,
El goce del afecto conviertes en hastió,
Y esquivas mi presencia, burlando mi dolor.

Yo tengo por testigos de los acentos bellos
Que al pie de tu ventana te oyera murmurar,
Del astro de la noche los pálidos destellos,
Un rizo que tu mano me dio de tus cabellos
Cuando me amabas mucho, cuando supiste amar.

En vano te pregunto por qué tus dulces ojos
Apartas de los míos, vendándome su luz;
En vano te pregunto por qué tantos enojos,
Por qué mis flores bellas conviertes en abrojos
Y vistes mi esperanza de lóbrego capuz.

Tal vez disculpar quieras tu fría indiferencia
Diciendo que engañada creíste en la pasión,
Diciendo que del sueño feliz de la inocencia
Mi mano te sacara con bárbara insolencia,
Dejando envenenado tu tierno corazón.

¡Oh, no, dulce amor mío! de norma la pureza
Sirvióme en los momentos de exaltación febril;
Y cuando sobre el seno tenía tu cabeza,
Un ángel custodiaba tu cándida belleza,
Cubriendo con sus alas las flores de tu abril.

El Dios que ora consuela mi lánguido abandono
Te dice que te amaba, que te adoraba bien;
Que no soy el primero que tuvo en tu alma un trono;
Que no soy el primero que sufro y que perdono,
Que ya otro que engañaste te perdono también.

Tu todo lo olvidaste; yo vivo en mis retiros
Trayendo a mis recuerdos el tiempo que se fue;
El tiempo en que del aura me enviabas en los giros
Palabras y promesas, sollozos y suspiros
Que siento aun palpitantes, que nunca olvidare.

Si en un jardín penetro, y en dulce arrobamiento
Contemplo el casto broche de la naciente flor,
Oculta entre sus hojas te finge el pensamiento,
Mezclando en sus amores el aroma de tu aliento,
Que unidas se desprenden en húmedo vapor.

Te busco, quiero verte… ¡más ay! , todo es en vano;
Ya sé que para siempre abandonado estoy;
Por eso como un mártir en el dolor ufano,
Y puesta sobre el pecho con inquietud la mano,
Mi tierna despedida con lágrimas te doy…

EN UN BAILE

A Dolores López.

No sé si es blasfemar, pero yo creo
Que Dios de tus encantos se enamora,
Y que olvidado de los mundos vive
Contemplando tus gracias seductoras;
Yo sé que al darte vida sonreía,
Y que empeñó su omnipotencia toda
Para formarte cual ninguna tierna,
Para formarte cual ninguna hermosa.
Más pura que el azul del firmamento,
Más placida que el rayo de la aurora,
Y aún más sensible que la humilde planta
Que “sensitiva” el Universo nombra.
Es poca la existencia para amarte,
La humanidad para adórate es poca;
El hombre siempre al contemplarte sufre
Y al mismo tiempo en sus dolores goza;
Sufre al mirar la inmensidad que media
Entre él, insecto vil, y tú, paloma,
Cuánto puede sufrirse aquí en la tierra,
Cuánto puede gozarse allá en la gloria.

No vuelvas a los bailes
No vuelvas por favor
Que allí se hace pedazos
Mi pobre corazón.

No vayas al paseo,
Ni al templo del señor:
Tengo celos del mundo,
Tengo celos de Dios.

EL BESO

Un beso es la expresión más elocuente
De un corazón ajeno a los agravios,
Es la emoción vivísima y ardiente
De dos almas que se unen tiernamente
En el límite estrecho de dos labios.

*Tegucigalpa, Honduras (1853-1883)
http://poesiabreve-briefpoetry.com/manuelvigil.html
http://bibliovirtualpoesia.blogspot.com/2011/11/manuel-molina-vigil-antologia-minima.html


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