JULES ROMAINS


Saint-Julien-Chapteuil (Auvernia), 1885-Paris- Francia, 1972

LA VIDA UNÁNIME


Yo soy un habitante de mi ciudad, soy uno
que asiste á los teatros, que por las calles va,
soy una voz oída ; mi faz ha visto alguno
y en sus ojos tal vez su forma viva está.

Aquel tan venerado tiempo atrás, mi albedrío,
es del poder unánime liviana aspiración ;
desprecio mi secreto sentir, mi corazón :
es más hermoso el sueño de la ciudad que el mío

No tengo el infantil deseo de ser libre ;
de viejos cla\ os pende mi gastado ideal.
Mi ser desaparece. Que la vida total
de mi cuerpo me arroje y en mis músculos vibre.

Y mientras flaqueaban mis brazos al sentir
como pesado y grueso fardo la angustia mía,
con la conciencia que me resta todavía
conozco la ventura de casi no existir.

LLEGA UN ALMA DISTINTA..

¿Por qué se transfiguran así los bulevares?
El porte del que pasa poco tiene de físico ;
ya no son movimientos los suyos, que son ritmos,
y yo no necesito los ojos para verlos.

Tiene el aire un sabor como mental.
Los hombres
son como ideas que cruzan por un espíritu.
De ellos á mi, no hay nada que deje de ser íntimo,
no hay nada extraño á mi de mi rostro á su rostro,
y el espacio nos liga pensando con nosotros.

LA CIUDAD QUE NO TIENE FLORESTAS Y NO TIENE CIGARRAS

La ciudad, si está triste, cuando siente que lloran
sobre su corazón más hombres que otros días,
cuando los vendedores ambulantes se hielan
en las puertas cocheras, y cuando se deslizan
las herraduras de los caballos en el suelo,
cuando en el cementerio los terrones pretenden
zapando, á breves golpes, derribar su alegría,
la ciudad pone alegre su faz, y entonces canta.
Dice, gritando, al sol : « Estoy contenta, mira;
me canso, y he sudado toda esta niebla, pero
tiempo y fuerzas acopio para soltar la risa. »

Con su voz populosa luego empieza á decir
una canción hallada por uno de sus hombres
una noche que vio levantarse á la luna.
Una tonada ingenua, pobre de melodía,
sólo para infundir un gozo semejante
al hálito de Abril en la carne aterida.
Que tiene la ciudad un corazón pueril;
la ciudad tiene el mismo candor que una chiquilla.

Unas notas en traje sencillo, que se ponen
á danzar, saltarinas, cuantas veces se quiera,
una canción ligera, sin ornato, en cabellos,
y ved á la ciudad jugando á las muñecas.
Una semana entera se ocupa en arreglar
dentro del corazón la canción que le gusta.
Y es torpe la ciudad y confunde las coplas
y rompe las medidas y los tonos trabuca.

Pero vuelve á empezar, y cuando en la memoria
la tiene bien segura, bien presa, sin engaño,
la ciudad canta entonces su canción todo el año

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