JOHN BERGER

Londres-Inglaterra, 1926

DISTANCIA

Has llenado el termo con café 
envuelto nuestras huellas 
por si tuviéramos que lanzarlas a las fauces 
de la indemostrable 
nieve eterna. 

Juntos, martilleando como carpinteros, 
hemos enseñado a la distancia 
cómo construir un tejado 
con los árboles 
que separan nuestra carrera. 

En el silencio que dejamos atrás 
no oímos ya la lejana 
pregunta de la casa del verano: 
¿Y adónde iremos 
mañana? 

Al atardecer temen los perros enjaezados 
que el bosque no tenga fin. 
Y cada noche en la nieve 
los tranquilizamos 
con nuestras sorpresivas risas.


PAÑUELO

Por la mañana 
doblado con sus flores silvestres 
lavado y planchado 
apenas ocupa espacio en el cajón. 

Ella lo agita en el aire 
y se lo ata a la cabeza. 

Por la noche se lo quita 
y lo deja caer 
sin desatar en el suelo. 

En un pañuelo de algodón 
entre las flores estampadas 
un día laborable 
ha escrito su sueño.



LA FLOR EN EL CORAZÓN

Cuando abro la cartera 
para enseñar el carné 
para pagar algo 
o para consultar el horario de trenes 
te miro. 

El polen de la flor 
es más viejo que las montañas 
Aravis es joven 
para ser una montaña. 

Los óvulos de la flor 
seguirán desgranándose 
cuando Aravis, ya vieja, 
no sea más que una colina. 

La flor en el corazón 
de la cartera, la fuerza 
de lo que vive en nosotros 
sobrevive a la montaña. 

Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario