JEAN LORRAIN


Fécamp-Francia, 1855 – París, 1906

EL JOVEN Y LA MUERTE

A lo largo de los mármoles y de los pórticos oscuros,
Bordeando los pálidos Hadés terraplenes silenciosos,
El efebo brillante y la esperanza en los ojos
Desciende con paso ligero los tres grados místicos.


Poderoso silencio de la calma de los tiempos antiguos,
El sabe que donde los muertos, hay estancias misteriosas
El héroe casto y desnudo encuentra bajo otros cielos
Las palmas de la etapa y de rústicos discos



También para el la muerte era dulce y pasajera;
Y mientras el descendía, como una sombra ligera
La fatal diosa con la frente pura y velada



Hace la acrobacia del soplo de su vestido
Y, blanca, la muestra bajo su velo recogido
Con un pliegue virginal y tembloroso que la recoge



NARCISO 


Ni la dulce languidez de las flautas y las liras.
Ni los perfumes murientes de los tenues incensarios.
Envueltos cadentes en la calma de las tardes,
Ni los brazos frescos y desnudos ni las sonrisas sabias.
No pueden reavivar el fuego de las vanas esperanzas,
En mi corazón y, cansado de amores y de delirios,
Efebo rubio engatusador de las hetairas
Felices, yo he posado mi frente en tus lirios negros.
Y los lirios venenosos, flores de sombra y de tinieblas
Sobre mi templo entreabierto a sus cálices fúnebres
Me han mostrado mi infamia y casto deshonor.



Y descendiendo viviente en el horror de mi ser,
He saboreado la extraña y suave felicidad,
De poder odiarme, habiendo logrado conocerme.



RELENTE DE AMOR


Belleza trágica y venenosa,
Génevre, oh hoja envenenadora
De las refutaciones lentas y sabias.



Me ha enseñado la amarga ironía
De los deseos vanos en la agonía
Del mismo amor sobreviviente



Odio e insulto tu memoria,
Taza de oro dond eno quiero beber más
Mi corazón cansado, alterado por el olvido.



Ya distante, como un sueño,
Tú no eras más que una mentira vana
En mi profundo sepulcro.



Cuando aquello era una bagatela,
El admirador del eventual encaje
Caído de mis manos por azar.



Me llena de tu aroma amado,
Relente de tu templada carne,
Perfume de benjui y espliego



Y repentino esbozo del abismo,
Parejo a la antigua víctima
Envarado en las cavernas sagradas



Como una bestia a quien uno masacra,
Retorno mientras muestro la garganta,
Llorando sobre tus adorados pies.



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada