JAMES MERRILL


Nueva York-Estados Unidos, 1926-Tucson-Arizona, 1995

EL POETA AHOGADO

El poeta ahogado, horas antes de ahogarse
tenía ojos de remolino, sal en sus muñecas, y exhibía
una acuática afectación. El mar estaba enterado
como las flores en la cabecera de une herida,
de una responsabilidad inminente,
como un imán tendióse al lado de él durante todo el día azul,
ambiguo como un pulmón.

El observaba a los buzos estudiar un elemento
familiar como las escalas para el músico,
donde nadar es una progresión de vocales largas,
una comunicación que nunca puede ser buscada
pues en sí misma es completa: evidente como las perlas,
simple como las rocas al sol, una felicidad
ligada a los acontecimientos.

Ahogarse fue la perfección de la técnica,
la palabra envolviendo su propio sentido, como el Tiempo,
y volviéndose hacia el mar penetró en él
como si hablarámos de poemas en un poema,
o en el momento culminante en una sonata citáramos
ejercicios de digitación: un cumplido
para todo logro.

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