ALGERNON CHARLES SWINBURNE


Grosvenor Place, Londres-Inglaterra, 1837-1909

ANTES DEL OCASO

Antes que la noche se abrace a la tierra 
la luz crepuscular del amor declina en el cielo. 
Antes que al miedo le sea posible sentir temblores o escalofríos, 
la luz crepuscular del amor declina en el cielo.

Cuando el insaciable corazón murmura entre lamentos
"o es demasiado o es poco", 
y la boca sedienta tardíamente se abstiene.

Blandas, deslizándose por el cuello de cada amante, 
las manos del amor sostienen secretamente la brida; 
y mientras buscamos en él la señal esperada, 
su luz crepuscular declina en el cielo.

Versión de Armando Roa 


EL TRIUNFO DEL TIEMPO
II. El Mar


Retornaré a ti, madre generosa y dulce, 

amante de los hombres, escondida bajo las aguas del mar.

Hasta tus profundidades descenderé, lejos de los hombres, 
pugnando por besarte y fundirme a ti, 
por asirte en un feroz abrazo. 
¡Oh madre hermosa y blanca, que en días pretéritos 
naciste sin hermanos ni hermanas! 
Haz que mi alma sea libre, como libre es la tuya. 


¡Oh bella madre mía, ceñida por verdores,

bajo las aguas del mar, vestida por el sol y la lluvia,

tus besos dulces y resueltos son fuertes como el vino

y tu abrazo, como el dolor, es hondo y vasto!
Sálvame y ocúltame con todas tus olas,
encuentra una tumba para mí entre los miles de sepulcros
helados que albergas en tus profundidades
y que forjaste sin necesidad de los hombres para un mundo más puro.


Dormiré. surcaré tus agua junto a los barcos,

seguiré el curso de tus vientos y mareas,

mis labios harán un festín en la espuma de los tuyos;

contigo he de alzarme y hundirme.
Dormiré, sin preguntarme de dónde eres o adónde vas,
con mis ojos y mis cabellos plenos de vida,
como una rosa colmada hasta los bordes
de brillo, fragancia y orgullo.


Y si esta vestidura mortal, tejida por la noche y el día

alguna vez me fuese arrebatada,

desnudo y contento zarpará hacia tus confines,

lleno de vida, sensible a ti y a tus caminos,
libre del mundo, buscando refugio en tu hogar
engalanado de verdores y coronado por la espuma,
sintiendo el pulso de la vida en tus radas y bahías,
como una vena en el corazón de las corrientes marinas.



Versión de Armando Roa

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