SERGIO SOLMI


Rieti -Italia, 1899–Milán, 1981


PLEGARIA A LA VIDA

Para que más ardas, para mejor sentirte,
para que siempre el corazón me parta
el tajo sediento de tu espada,
para que por la noche ansioso
en vano en buscarte me debata
y me alcance el alba
como una muerte amiga,
tregua no me des, vida mía,
dame la humillante pobreza,
los negros insomnios, los cuidados y los males.
Dame el delirante deseo
que se hincha de espejismos
y la tímida sangre que se agita a cada soplo.
Para que más ardas, para mejor sentir
este, tu beso, que me retuerce y demuda,
cada una de mis fibras consume en tu fuego,
cada pensamiento somete y anula,
cada dulzura tuya, la paz y la dicha,
niégame todavía.

Fine di stagione, 1933, en Il Club degli Autori 
Versión de Jorge Aulicino

BAÑOS POPULARES

Hombre que rozo en la calle con el brazo,
siempre para mí pavorosamente
extraño, te reencuentro
en este pardo cuartel, que oprime
la oscura tarde de diciembre.
Entre el fragor del agua, a media voz,
esbozas una melodía, te hace eco,
invisible, otro.

En la ventanita, ensimismados, tiemblan
los árboles desnudos del patio.

Pienso por qué te he traicionado, por qué
no hablé tu misma lengua, por qué
nuestra pena idéntica
yo debo expresar en estas confusas palabras
que no comprendes. La muda
poesía se me hace un nudo en el corazón. Esta
mano que ofrezco, inútil,
deja caer.

Pero esta tarde, invisible, también soy
un hermano tuyo. Entre el fragor del agua
esbozas una melodía, yo la sigo, otro,
silbando, hace el eco, surge un coro.
De la dura obediencia cotidiana
se liberan al fin los miembros
en el dulce baño dominical, resignados
prisioneros, nuestra tímida
libertad en música se exhala;

a media voz, finalmente juntos,
hermanos míos, cantamos.

Fine di stagione, 1933, en Il Club degli Autori
Versión de Jorge Aulicino

CANTO DE MUJER

Voz de mujer que se sabe no vista
tras cerrados postigos, canto ronco
agitado por lánguidos desmayos
y escalofríos bruscos, hecho
de vacías palabras que yo no comprendo.
Oh voz absorta, tempestuosa y dulce,
llena de sueños,
la que un tiempo raptaba navegantes
sobre los mares, canto de sirena.
Voz del deseo que no sabe si
quiere o teme, y jamás dice otra cosa
sino su oscuridad, su tembloroso
amor. Acaso la encendida carne
habla como tú, y, asombrada,
se escucha existir.

Poesía italiana contemporánea,
traducciones de Vintila Horia y Jesús López Pacheco, 
Ediciones Guadarrama, Madrid, 1959

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