OSCAR FERREIRO


Pilar del Ñeembucú-Paraguay, 1921.

FUGA A LAS TRES

Los carceleros se beben 

tranquilos su tereré 

y Humberto nervioso espera 
su libertad a las tres. 
En el sucio moridero
de una mazmorra cruel 
cuenta los fríos barrotes 
por la centésima vez. 
De la cárcel de Asunción 
exactamente a las tres
saldría Humberto Garcete 
por gracia de un coronel. 

-No te fíes de esos perros 
porque te van a vender. 
-Es palabra de un amigo,
palabra de un coronel. 
-No te fíes, compañero, 
que el polvo te harán morder. 
-Es palabra de un soldado, 
palabra de un coronel.
-Deciles que no, Garcete, 
porque te van a vender. 
-De un soldado, de un amigo, 
promesa de un coronel... 
-¡La promesa de un esbirro
no corre ni en un burdel! 

Giró en la torre el reloj, 
sonó la una, las dos; 
pero tenía que ser 
exactamente a las tres.
Sangrienta rueda de horror 
la Catedral dio las dos; 
pero tenía que ser 
exactamente a las tres. 
Seca la media sonó,
dura y escueta golpeó 
contra la alta pared, 
tan tensa para las tres. 
El viento libre de Dios 
cuando sonara el reloj
al fin saldría a beber 
exactamente a las tres. 

-Carcelero, tengo sed... 
-Ya en su casa ha de beber. 
(Con vil sonrisa y de usted
disimula su doblez). 
-¿Y eso que gime? 

-Es el tren.

-¿Y afuera hay luna? 

-Así es.

-¡Dichosos los que la ven! 
-Sólo un minuto y la ve...
(Y siempre atento al reloj 
Humberto le sonrió). 
-Si todo saldrá tan bien... 
-Alta luna del laurel, 
¡hermosa estará en su tez!
(La sonrisa del furriel 
lo confirma a su vez). 
-La cama le han de tender 
con sábanas de satén... 

Sobre el yunque de la noche
Vulcano oscuro golpeó 
y nunca tan dura fue 
aquella hora postrer. 
A la noche en la garganta 
los grillos le remachó,
como tenía que ser 
exactamente a las tres. 
Tres martillazos de muerte 
Vulcano oscuro golpeó, 
tres golpes de muerte,
tres, ni más ni menos que tres. 

Sobre goznes de silencio 
la puerta muda se abrió, 
como tenía que ser 
exactamente a las tres.

Se abrió la puerta y la noche 
siniestramente cerró, 
como tenía que ser 
exactamente a las tres. 

Una ráfaga de plomo
su salida rubricó 
como tenía que ser 
exactamente a las tres. 
En la bahía temblando 
largo el silencio quedó,
[como] tenía que ser 
exactamente a las tres. 
Cuatro livianas troncharon 
aquella palmera en flor, 
como tenía que ser
exactamente a las tres. 

Por la espalda asesinado 
de boca Humberto cayó, 
como tenía que ser 
exactamente a las tres.
Y aquel lucero de ensueños 
para siempre se apagó, 
como tenía que ser 
exactamente a las tres.

YO YA NO SÉ

Yo ya no sé
qué se puede decir y estoy hablando
que se puede alentar y estoy pensando
en no sé qué figuras desvaídas,
en no sé qué quimeras obsoletas
de galopes cayendo hacia la nada.

Y me pongo a cantar pero el sollozo
el sollozo que anuda tu garganta
ese oscuro sollozo que del fondo
sube entre lutos y geranios tristes
para anegarme como a ti en el llanto.

LA GUARDIA URBANA

-Por vos, mi pobre inocente, 
vendrá un día la montada... 
-La montada ya no existe; 
no empieces con tus macanas. 
-Da lo mismo, ya me acuerdo,
le dicen la guardia urbana 
pero igual, a garrotazos, 
harán charque de tu espalda. 
A arrancarte de este rancho 
un día vendrá, sin falta.
-Y yo les daré un buendía 
con este cabo de nácar. 
-No te hagas ilusiones. 

¡No te servirán de nada, 
hijo mío, esas sonseras
que en la cabeza te bailan! 
-No es cierto, mamá, en el mundo 
la nueva idea está en marcha. 
-Soy una pobre burrera 
con mi burro y mi burjaca.
La banda es para los ricos, 
para los pobres la guacha. 
¡Soy una triste burrera 
bebiendo en jarro de lata 
las lágrimas de mi gente
y las mías más amargas! 

Desde Ysaty hasta Asunción 
es larga la caminata 
y a punta de bayoneta 
resulta mucho más larga.
Maniatado con alambre 
y a empellones de culatas 
desde Ysaty, por Dos Bocas, 
lo repunta la canalla. 

-Un rojo pañuelo al cuello
será el premio a tus pureadas, 
pero no será de trapo 
sino de sangre barata. 

Sobre el óleo de los charcos 
patinan las carcajadas
y un pipuu alcohólico y largo 
se clava en La Salamanca. 
Un degüello de yuyales 
asustado el viento ensaya 
y ganan los albañales
rápidamente las ratas. 
Como un cíclope mareado 
un tuerto el ojo se palpa 
y los horrores del mundo 
tan increíbles repasa.
Asunción, sucia y artera, 
sin azahares, sin nada 
que no sea la insolencia 
de tus cobardes mesnadas. 

-¡Suéltenme las manos, perros,
y así sabrán quién les habla! 
¡Ese trapo colorado 
les meteré en la garganta! 

-Emboty nde picha’í 
re ñemboayura pytáta.

-Dios te salve y tu abogado, 
ápente ya reikopáma...

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