MANUEL E.B. ARGÜELLO

Caazapá-Paraguay, 1925-2009

PARA NOMBRAR TU AUSENCIA

Dicen que cuando un amor se muere, una estrella cae.

... Y es verdad.

Aquí estoy con la estrella en mis manos, 
como un yerto corazón ahíto de besos sin destino.
Aquí estoy, de pie, en este septiembre de lapachos,
así, mirando, implorando a la tarde que me asedia
rasgar sin prisa la celeste piel de mi memoria.
No puedo evitar que en esta tarde
tu recuerdo, amor, se acurruque en un sollozo.
No puedo, y tal vez ni quiero evitar que en esta tarde
mi mirada se abra hacia tu casa;
hacia mi nostalgia de tus ojos;
hacia el palpitar rosado de tus labios.
Y así, entonces, amor, todo trae tu nombre:
el pasto, que adormeces con tus pasos, el jazmín,
que se sonroja en tu presencia; mi corazón, 
que olvidó mi pecho tras el tuyo.
Ahora levanto la mirada hasta los pájaros,para medir mi soledad, para nombrar tu ausencia.
Y esta brisa que me asedia y coloquia las hojas con la arena,
desmenuza a jirones, a lentos jirones palpitantes,
la alegría mía de haberme enamorado.


NOSTALGIA

No sé por qué, pero esta nostalgia
que me transita, que me desvela,
será algún recuerdo, una melancolía,
alguna saudade de añoranza marchitada.
O será, tal vez, una abierta alegría,
una tristeza exhalada a la ventura,
un adiós, una mirada, un pétalo
cayendo al acaso, solitario.

(De: Isla de fuego, 1986)


PLEGARIA AL VERBO DE LA PATRIA

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en una Cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte.
Anónimo

-¡El sol! ¡Mirad al sol!
-¡Se ha detenido sobre nosotros!
-¡Hombres, piedras, cadenas, mirad al sol!
-¡Es la señal! ¡Ay de ti, Paraguay!

Porque está escrito en la tierra y es carne,
porque está escrito en el agua y es sangre,
porque está escrito en el viento y es verbo.

¡Ay de ti, Paraguay,
cuando el sol te mire por segunda vez!
Ay, tus piedras, entonces, Patria, tus piedras romperán
la antigua, sumisa, imagen de tus niños de carne y terracota.
Ay, entonces, Patria, entonces, como antorchas tus lapachos
arderán a la vera de los ranchos, a la vera de caminos.
Ay, Patria -¡Mi Patria, mi dulce Patria, mi Patria entera!-,
entonces, Patria de mis Padres, Padre de mis versos y mis gritos, entonces

tu Niño navideño, tu Sermón de la Montaña,
tu Cristo de Madera, de Greda, de Carne,
tu Cristo

clavado como tú,
herido como tú,
sediento como tú,

henderá su cuerpo -que es el tuyo-,
y su sangre -que es tuya-,

tatuará las manos, de tus pobres, lentos hijos,
y toda la geografía de tu cuerpo clavado y desclavado 
se agitará con volcanes en sus cerros, con bramidos en sus selvas.
Y el rayo, entonces, se hará bandera en el cielo y puñal en la llanura.

Y la sangre reprimida por años en las venas
subirá a las gargantas con un murmullo de voces.

Y el Norte se hará grito,
y el Sur se hará grito,
y el Este y el Oeste se harán gritos.

Se henderá entonces el vientre de la Patria
con un gemido de Dios en su garganta.

Y lo eterno se hará Eterno,
y la Palabra se hará Hombre,
¡y el Hombre, Libertad!


LA TIERRA DEL SILENCIO

Ésta es mi tierra; sol y silencio; luna y tristeza.
Oscuros están su antiguo rostro claro, su mirada celeste.
Y se mustian a la vera de caminos y de valles, la sal,
la ingenua sal de su palabra, el inocente latido de su carne.

Mi tierra -pasión elemental- no tiene palabra ni canto ni risa.
Sólo tiene ojos para mirar y un desolado corazón para sufrir.
La vez que cantó un hombre, una bala roja le atravesó la garganta.
La vez que cantó un pájaro, un grito amargo traspasó su trino.

Mi tierra no tiene palabra ni el eco de su propio nombre.
En silencio los niños; en silencio las rosas; en silencio el arado.
La ventana de jazmines y guitarras; la encendida naranja del camino;
la boyada con luceros en los ojos; el horizonte de lomas y lapachos;
la mesa, la pobre mesa blanca, la repetida mesa de choclos y sandías;
el valle entero, el campo entero, el bosque entero, todo, todo entero,
mi tierra entera es una lágrima;
una sencilla lágrima;
una dura lágrima;
una geografía de lágrimas;
una terrible lágrima de raíz herida.

Es un pueblo de largo silencio junto a un río de larga tristeza
... Y los hombres se van... y se van... más allá del silencio,
más allá del cuchillo, más allá de las piedras, más allá del gruñido.
Mi tierra no tiene palabra y sus hombres se van... y se van... silenciosos.
Ayer llegó un hermano que vive más allá del silencio.
Apenas me dijo: «Ven, vamos a hablar», 
y una figura vestida de silencio, surgiendo de las piedras,
trituró su carne entre rejas y acuchilló sus palabras.
Y allí, en la calle -su calle y la mía y de todos- de nuevo el silencio.
Y yo quise hablar con él como quiero hablar con todos.
Hace rato que no sé del sabor de la palabra.
De la palabra libre. De la palabra entera. De la pura palabra.
Quise hablar en alto tono, tal vez a gritos.
Como antes los niños y los pájaros.
Hubiera sonreído con cada palabra o llorado con un llanto nuevo.
Yo le hubiera dicho: ¡hermano!,
o le hubiera dicho: ¡jazmín! o ¡guitarra! o ¡paloma!,
o, tal vez, le hubiera dicho primero: ¡Libertad!
Ven qué poco era lo que iba a decirle a mi hermano.

Yo quise decirle al hombre que nació de las piedras
que repitiera conmigo las mismas palabras.
Sé que le hubiera gustado decir: ¡Libertad!
Pero el hombre es de piedra y silencio y no tiene palabra.
Le han dicho que la boca es tan sólo para comer y gruñir.
Y yo le quiero enseñar que es para el canto y que es para el beso.
Mi hermano traía el himno del Hombre y el filo de una mano acuchilló su voz. 

... Y ahora de nuevo el silencio;
y la tristeza;
y la palabra tiesa;
y el grito amargo;
y la piedra roja;
y la sangre limitando la tierra del silencio.

Cuando llegó mi hermano con el pecho maduro de palabras,
el día estaba azul y tibio el aire y húmeda la tierra.

Y su palabra y mi alegría hubieran roto el silencio.

Y hubieran cantado todas las madres;
y hubieran besado todas las bocas;
y el hombre de piedra tendría carne tibia y palabra y ternura.

Toda mi tierra de silencio hubiera gritado como un pájaro sin límites.
Mañana vendrá otro hermano y juntos llenaremos esta tierra,
el pecho de los hombres, el corazón de las guitarras, 
de las palabras y de auroras.

Poesías (De: El Trino Soterrado)


TU PRESENCIA, AMOR

Yo soy
- tal vez -
hermano abandonado
del jazmín
y la
naranja.

La raíz de mi canto
es aroma
de auroras sin retorno.

Por eso te busco amor,
amor de mi añoranza.

Te busco en mis suspiros,
más allá de los recuerdos.

te busco en los susurros de mi carne;
en el sarmiento sin uvas de mis versos.

Te busco en... ¡Callad! ¡Eh, Palomas!
¡Callad! ¡Que la siento venir...!
Pisando los caminos del aire...

Y su viva geometría va dejando rosas en el alba,
que más allá de las colinas es aurora,
y es rocío su luz y de pájaros su estela...!
¡Acércate...!
¡Acércate... que yo... que yo, aún tengo...

aquella cinta, ¿recuerdas? nuestros pasos...

por aquel camino
que atara nuestros pasos por aquel camino...

- nuestro camino -, ¿lo recuerdas?
¿Y la cinta? ¿la recuerdas?
Tenía todos los colores del amor primero.


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