LUCIO PICCOLO


Palermo-Italia, 1901


SOBRE EL HIELO INMÓVIL

Sobre el hielo inmóvil de la alta vidriera
el racimo de gotas lanzado
por el agucero en fuga
a las reiteradas pretensiones del sol
y las copas de los plátanos graves
de agua 
creando un blando columpio en el 
aguado azul descolorido
donde se imprime en transparente
humo blanco el entrepaño de la
nube en fuga.

Traducción Lorenzo Peirano
Publicado en "Pluma y Pincel", 
N º 176, Santiago, diciembre de 1996.

LA MERIDIANA
(Fragmento)

Mira el agua inexplicable:
contrafuerte, torre, umbral
de granito, pluma, rama, ala, pupila:
todo destroza, diluye, multiplica.
En la ansiosa flexión
lo que era piedra, masa de bastiones,
es una cuenca fatua que pasa, trino de iris, rumor de correntada,
y desaparece en la hoja venturosa;
sueña espacios, y donde llega, brillante y blanda,
no es más que un infinito romperse de gotas efímeras, hinchadas.
Mira el agua inexplicable:
a su tacto el universo es lábil.
y apenas apagas la lámpara y todo
pensamiento se hunde en la sombra sin peso,
la sientes correr ligera y profunda,
y cantae detrás de tus sueños.

En la hora profunda, en las calles meridianas
(donde hay sombra en los mascarones ennegrecidos;
en las canaletas agitadas, hierba y aire marino)
responden las fuentes,
desde el patio vecino (ha dejado la noche en los muros
húmedas incrustaciones de sales, constelaciones
que el rayo desparrama),
desde los jardines colgantes donde se encierra el verde
se liberan cristalinos arcos,
se cruzan en el aire encantado en las plazas
sobre los caballos de espuma helada,
se alzan volutas de sonido radiante
que rompe un instante y rearma
el tierno pulpo; la flor líquida emerge, elude
al silencio y un pasillo entorna entre el canto y el sopor;
se abren zonas de soledad, de transparencias,
y el bordón apoyado en el asiento descansa
y el sueño se eleva...

De Canti barochi

Traducción Diego Bentivegna.

Se dice que el silencio había escapado, se había refu-
giado en los lugares que la fiesta dejó desiertos:
los campanarios sin sonido ni soga (se perfila
en el cielo el vano…) los puntos suburbanos de encuentro
donde ya están oscuras las barandas en las terrazas sobre los jardines de claveles y
malvas y ahí deja que lo hilvanen apenas
el raro sollozo del agua, la nota mínima
como de flauta, el zumbido del insecto y el inex-
plicable susurro improviso de la enredadera.
Luego subió a las torretas de los observadores
voló hacia la cima de los montes
y de ahí se suspendió más a lo alto
aún a espiar que saliesen
de lo profundo las primeras hebillas
luminosas
pero ya los fieltros de la sombra y el sueño
amortiguan los tímpanos, las flautas, los clarines
otro teatro se enciende sin
luz, secreto.

Traducción Alfonso Iommi

Y mientras tanto la noche llegó en sordina:
escondió la luz, encendió fuegos, cirios,
puso un círculo en el horizonte
que ahoga lo agudo en el eco de una voz
en el chirrido periódico de un carro que pasa;
y sabemos que la luna debía ya estar alta
y lleva ahora su pompa de esencias luminosas
detrás de un manto aplanado
y quizás deja que su bata roce
las paredes de candiles, bajo la superficie ártica
de placas de vidrio.
Y en efecto, las sombras persisten en las habitaciones
y lo que de día era tronco, roca, asiento
ahora es una figura encorvada y no sabemos cuál
sea su gesto su intención hacia nosotros;
la verbena en los arriates ha perdido los colores y tienta
a los estratos del aire con su perfume polvoriento.
Es un umbral móvil que divide, une dos zonas;
pero no sabemos dónde surge la memoria
y dónde comienza la discreta invasión del flujo lunar.

Traducción Alfonso Iommi
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