JOSÉ MARÍA EGUREN


Lima, Perú; 1874 – 1942



LA TARDA


Despunta por la rambla amarillenta,

donde el puma se acobarda;

viene de lágrimas exenta

la Tarda.

Ella del esqueleto madre
al puente baja inescuchada,
y antes que el rondín ladre
a la alborada
lanza ronca carcajada.

Y con sus epitalamios rojos,
sus vacíos ojos
y su extraña belleza,
pasa sin ver por la senda bravía,
sin ver que hoy me he muerto de tristeza
y de monotonía.

Va a la ciudad, que duerme parda,
por la muerta avenida,
sin ver el dolor, distraída,
la Tarda.



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