ENDRE FARKAS


Hungría, 1948



AL CALOR DE LA NOCHE



Anoche hicimos el amor.

Cruzamos fronteras

y sin temor viajamos por otros países.
Con ramilletes de besos
nos acogidos mutuamente como héroes
que no han conquistado a nadie.
Implosiones de éxtasis por todas partes
y respiramos como uno solo.
Sin temor, desnudos,
acurrucados el uno en los brazos del otro,
dormimos y soñamos.

Esta noche a la guerra.
Los hombres con sus máquinas se desplazan.
Los tanques ruedan sobre la carne pedrogosa de la arena
Los francotiradores apuntan,
los dedos acarician gatillos bien aceitados
Y el éxtasis de esta noche
está a un pelito de la mira de los fusiles.

La matanza se hace mejor en la noche
cuando los sentidos son más agudos
y la imaginación es más nítida
para conjurar terror en las sombras
que proyecta la lírica luna

Ululantes humanos predadores
están hundiendo sus garras manufacturadas
en su propia especie.

Amor, la luz del día muestra
que las esquirlas abrieron hoyos en los rostros,
haciendo brotar sangre
evaporando el vapor de la vida
desde el lugar que ocupaba el estómago.

El sol brillante
se levanta
desde los ojos quemado de lo muertos.

Traducción: Elías Letelier
Del libro: Palabras sobrevivientes

LA LIBERACIÓN ES

LA GUARDIA

En el tráfico de gente que sube y baja,
nos saludan adoradores 
que cantan en túnicas de azafrán,
y hombres y mujeres jóvenes y comedidos
que venden flores en el nombre de la luna.
En la ruta atascada de tráfico
que lleva a Big-Apple
jóvenes matones en chaquetas de cuero
caminan a lo largo de las líneas divisoras
embaucando con teléfonos robados de autos.
La Autoridad del Puerto.
Llegan autobuses de todo el mundo;
sus vahos curten la piel de la ciudad.
Nosotros caminamos entre ellos
ante ojos desviados de hombres tristes
que beben desde unas bolsas de papel.
Una maldición y una botella 
nos pasan volando por la cabeza.
Son los instrumentos y música de la ciudad.
Hay relucientes guirnaldas de alambre de púa
que coronan las rejas y los tejados
de los edificios importantes.
Allí no hay una necesidad, 
hay una razón.

En las calles estadounidenses 
han afinado el sueño americano
hasta hacerlo un fraude.
Lo que fue alguna vez un hombre joven
se nos acerca llorando por una cama donde morir.
Todos queremos que se termine luego.
En los hogares, bajo la piel se ha metido la tristeza 
a pesar de los herméticos cerrojos.
No hay cortinas sólo barras de temor y soledad.
Detrás cada una de ellas, 
la esperanza se inyecta en las venas.
Nos sentamos frente a la pantalla
miramos a un hombre que grita
¡Esta pistola es mi vida!
Nunca podemos dar lo justo.
Estamos más allá de todos los incidentes.
Por la mañana ni siquiera una tristeza
ni una despedida.

MELANCOLÍA DE BUDAPEST

El polvo de la tristeza 
llena los poros de Budapest y los muros amarillos, 
pálidos e incestuosos de los Hapsburg,
están manchados para siempre de las lágrimas 
acumuladas por los planes quinquenales.

En la parada del autobús, 
el sofocante anochecer cae sobre cuerpos inclinados 
por el peso de años de espera 
de autobuses siempre repletos y siempre tarde.
En su nueva libertad se apilan y aparentan 
que no ven a los cabezas rapadas, 
que golpean a un gitano viejo,
en nombre de la nueva Hungría.
Estoy mirando con ojos aterrados.
Estoy contento de no ser de aquí.

¿Pero, si no soy yo, entonces quién? 
¿Y si no ahora, entonces cuándo?
Ésa es la melancolía.

LA TORMENTA INVERNAL

Los vientos invernales arremolinan una tormenta,
y asustada, la noche se despierta;
aúlla como sirenas en el Medio Oriente
a miles de kilómetros de aquí.
El ululante cantar de las sirenas
se lamenta contra la pared y las ventanas,
como dolientes sobre cadáveres
e interrumpe la película
La Guerra Y Paz.
Hace un frío del diablo.
Apago la televisión.
Ya he leído el libro.
Sé como termina.
Anoto mis temores:
impotente, impotente, impotente.
Sé que hay niños llorando,
muriendo.
Miro a los míos,
doy gracias
y apago la luz.
El viento ululante.
La tormenta que ruge.

JUDÍOS

Ellos son los elegidos:
los que firmaron "El Pacto"
los que trajeron La Palabra
y constantemente discuten con Dios.
Ellos son "Los errantes"
los que honran el aprendizaje
por que es sagrado
y fácil de empacar al primer aviso del profeta.
Son los asesinos de Cristo,
sanguinarios y sucios,
lo que justifica todo lo que se les hace
por milenios y por millones.
Ellos son los "Serlock",
conspiradores internacionales,
contadores, banqueros, mayoristas;
regateando con el mundo por su libra de su carne.
Pero ahora los conocemos mejor.
También son crueles, ignorantes;
mercaderes de la muerte; no tan especiales,
no más elegidos que otros.
Ellos también emplean el terror y la tortura
y tienen su propia policía secreta
para resguardar con armas mortales
sus campos cercados de alambre de púas.
Ellos son como todo el mundo;
con sus propias tierras para proteger.
Prefieren las "Alturas del Golan"
para poner sus grandes cañones,
a los altos niveles morales y sus antiguos ritos.
Han perdido la ventaja de las víctimas,
se han transformado en lo que siempre fueron:
un pueblo que sigue visiones y órdenes
y que debe ser hecho responsable de eso.

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