NICOLÁS DEL HIERRO


Piedrabuena-Casa Real (España), 1934


Hoy estoy triste.
No me lo sé explicar, pero estoy triste.

Quizá la culpa...

Qué sé yo...

...Esta mañana de nubes bajas;
quizá esta mesa
no demasiado grande
para que coma el mundo;
quizá estos hombres
que hacen el hormigón para mi calle;
no sé si, acaso, aquel muchacho
que juega con la arena,
o la mujer que viene de la compra...

...No sé, sinceramente.
Es todo tan sencillo a simple vista...

Aquí, sentado, casi
pegado a mi ventana,
y la vida en la calle, como un río...
Y yo mirando, solo,
con la pluma en la mano
diciendo que estoy triste,
como 
si a nadie le importara mi tristeza,
como
si no fuera la vida una serpiente...




No me dejes seguir con esta pena
de tener empeñado mi destino;
no me dejes que sangre en el camino
soportando a mis pies dura cadena.

Este sombrío andar, esta condena
que agrava el maridaje de mi sino,
me representa al débil peregrino
perdido en la maraña de la escena.

No me dejes en mar y a la deriva,
que frágil es mi barca a la inclemencia
y al azote falaz del enemigo.

Te busco en la razón de una evasiva
con que sembrar la paz en tu presencia:
savia seré de amor, pero contigo.

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